A veces se me va la mano


     A veces se me va la mano y empiezo a escribir, después de un par de preguntas que yo sólo recuerdo a la paz del día que me trae infinitas sensaciones que no son más que ideales. A veces se me va la mano, para un sitio prohibido… otras para la tormenta de una raza discutida, la raza del perdón. Siempre dispuesto a buscar, entre el olvido cosas a las que pueda dar un significado perfecto, que ya pasó y no lo fue, pero lo será.
 
    Entre plumas y rayos despiertan mis ilusiones que abocan en la nada después de cinco segundos. El amor y el odio no los distingo. Sólo el odio y el amor son los que me distinguen a mí. Procuro callarme y volver a empezar entre vagos recuerdos me pongo a mirar y dentro de ellos aún estás tú. Como caído en un mar de preguntas, me miro a los ojos, no sé si me escuchas pero trataré de ser féliz.
 
   A veces se me va la mirada hacia lo que se me fue la mano y la caricia brindo para lo que dejaré ser pasado. Un orgullo tan grande haber visto tus ojos, canciones vividas a orillas de oro. Chiquilla aterrada con cara de luna, pasando a segundas la penumbra te invade y la sombra te persigue hacia nuestras calles, por si no lo sabes aún.
 
   Sólo a veces se me van las lágrimas, dónde se me fue la mirada que se va la mano.
 
 
 
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No saben


     ¡No saben! que río por el día y lloro por las noches.
     No lo saben.
     Ni lo sabrán, que río durante el día .Y lloro por la noche.
 
 

100 grados


   ¿Qué puede significar 100º?, para mi cien grados tiene el valor de un angulo obtuso o un lugar donde hierva la sangre, un lugar oscuro y dañino. Un cambio de 360 grados (como suelen decir para dar un giro a una sutuación) no es mas que una vuelta al mismo sitio donde solemos tropezar, pero lo que aquí se está comentando y debatiendo es 100, no otra cifra sino 100 grados. Cien puede significar un gran centenario, o quizas un centenario anticipado. Cien pueden ser las lunas que me llevan al olvido. Y cien menos cien, los amores que me matan. Diez son que por diez vienen mis suspiros al alba. Mil bellezas que entre diez contemplan. Son todas, todas las que llegan a cien.
 
Cuanto daño hace este número a quién por desgracia le toca. O quizás le traiga buen día porque el destino controla. La cien de cientos de hombres fueron masacradas por cien o más soldados que mandó la muerte.
Cien grados tiene mi vida a partir de este momento, para subyugo de mi alma que no quería tenerte. 
 
Caricato de mi risa el tiempo me llamaba, pocas veces más pasé de 100 por más que lo ocultaba. Confiaba en mi pericia por contra de mi camino, rara vez abolecía cuando me rompía su caricia. Nombraba el cien mi cabeza cada vez que la torpeza hacía aparición, pocas veces me ocurrió que no contara el desazón.
 
Para mí ese numero significó una gran perdida, al pasar los 100 grados el alma me crujía, sabía que ya mi rodilla había quedado a un lado y que el deporte que me maravilla, todo había terminado.
 
Se dice que se pierde 23 gramos al morir. Yo cada vez que muero pierdo 100º.

¡¡MAGIA!!


       En diciembre de 2006 se despertó en mi algo nuevo, algo bueno. Era la capacidad de autoasombro y de asombro de los demás. “La belleza de lo simple” de aquel buen hombre, de aquel mago (manco) que trataba a las palabras y las cartas como debe hacerse con las mujeres, de manera delicada, susurrante, intensa… creó en mi una locura de sensaciones que cambió mi forma de ver el mundo o la vida, ahora siempre veré con los ojos del alma. Quiero asombrarme, nunca buscaré la manera, la técnica, el truco, la artimaña de sus juegos y de ningún otro: ¡deseo asombrarme! cuando imbricando sus cartas a una sola mano, la única, en una mezcla perfecta las cartas vuelven a su posición original. Comprendí la dificultad de este movimiento en el mismo momento que cogí la baraja para imitarle.

     Pensé que sería bueno empezar por el principio no por aquellos juegos tan sofisticados y que tanta técnica requerían como el famoso “no se puede hacer más lento” o “el tijuano”. El libro del Canuto 😉 me vino que ni pintado. Se trataba sólo del inicio de la virtud mágica que buscaba. Personas que me animaron y otras que hicieron lo contrario. Pero entre mi amigo Pete y su constancia, hicieron que cada día que aparecía le tuviera una buena remesa de juegos esperando e igual, él conmigo. Así fue creciendo esta tontería al inicio y que no sabemos donde llegará, pero que pasó de las cartas al dinero, del dinero a los objetos, llegando incluso a comer ¡¡aceitunas por la cabeza!!. Le doy autoasombro a mis juegos, pero tengo que ganar en el movimiento uniformente acelerado y decelerado, y en la misdirection.

      Y seguro que podré dentro de muy poco hacer desaparecer esta humilde entrada de blog…