LA PUERTA QUE NUNCA SE CERRARÁ


      Así se presentaba mi corazón compungido, con unas puertas que jamás se cerrarán por más que el tiempo ocurra. Ese corazón que tú entregastes en la hierba para que nuestros vellos se erizaran hacia el cielo ese mismo que hoy visitas tú, Puerta. Para agrado de los que allí ya habitan pero para destrozo de nuestros sentimientos que partidos imploran lo imposible.
 
       De tú futbol; cada lágrima que caíga valdrá para traer al recuerdo tu vida de héroe que marcó el tiempo y el gol que cambió nuestras vidas, aquel gol imposible, retorcido o bordeante, que aún hoy día no me explico como pudo entrar aquel gol, Dios mio era imposible. Pero GOLLLLLLLLL que quiso Dios que entrara para el recuerdo de nuestras retinas y que quedara grabado por siempre en nuestras memorias, de aquella zurda que se contará como una pierna distinta, que poseía una profundidad increíble, con unas carreras que nunca parecían terminar dejando rivales estupefactos partidos por mitad sus cinturas, como plantados quedaban en el cesped y tú Puerta hasta la cal, cómo podías tener el balón pegado a tu pie, cómo podías galopar con tan imposible respuesta.
 
       Hoy se levantó un mito, una leyenda que se expresará en el campo en reliquias de video y en la boca de los nuestros, los que vimos su futbol. Un amigo sevillano, una sonrisa exquisita, una persona inmejorable dicen todos. Tu hijo será un legado y disfrutará entre nosotros lo que ya no podrá con tu persona viva.
 
     Tu camiseta, tu número será retirado por siempre el 16 quedará contigo. Un amigo seviillista me contaba que le decía su hijo de 5 años: "papá, ¿dónde está Puerta?" y él no tuvo más remedio que decirle: "Hijo mio,  Puerta ya está en el cielo". A lo que él me respondió ,"pues el viernes tiene que volver para jugar ante el Milán la supercopa". No hay más palabras.
 
    Hasta siempre, mi puerta abierta a la zurda de diamantes.

Pronto tirarán de la cadena


   Hombre sencillo, culpado, que caminaba arropado en su deseo más intenso de cambio, confiado en el poder de Dios, dando tumbos por el mundo, muy triste y expresivo a la vez que cabizbajo siempre aparentando solidez. Con un cuchillo al cuello y otro al corazón. Solamente dispuesto a creer en su propia experiencia.
 
   Él sabía que pronto le llamarían. Huéspedes del silencio y de la nada. Confundidos en la más demoníaca de las conspiraciones para con mi dolor no perecedero, él lo sabía pues tenía un sexto sentido que le paralizaba el alma pudiendo encontrar lo que más a continuación pasaría (a tiempo después). Posiblemente sería pronto y preferiblemente según él expresaba.
 
   Básicamente iba a ser llamado a filas pues hace poco le habían tallado y convertido de paso en carne para perros. De las caricias pasó a sentir como le hundían el pecho las patadas que el alma cabreada ejercía sobre su figura patética y fina. Se agolpaban los sentimientos al borde de sus lagrimales, mientras se empujaban y caían fulminando cada gloria vivida y las últimas esperanzas que aguardaba en su existir.
 
   Auspiciaba un momento culmen a su vida, la muerte, tirar de la cadena. Pues pronto lo harán. ¿Qué es la vida? si cuando se acaba se acaba y todo sigue igual. El mundo, la tragedia, las risas. Absolutamente todo sigue su curso, menos yo. Eso es la gran mentira de la vida. La gran mentira que siempre es verdad.
 
   Hasta antes de la vida (que también es la muerte).

Alcancía de sordidez


     No creo que importe lo grande que la tengo ni el sabor de su estado placentero. Hoy quiero pensar que aquella esperanza que guardo y acumulo con una dificultad terrible en las alforjas que la vida me brinda, será devuelta de golpe, atiborrando mi placebo constatemente mentido y ahorcando al resto por siempre sus envidias para catapultar el éxtasis que la vida me debe. No deseo mentir para lograrlo pues nunca lo hice, sólo me presto a que venga decidida y aplaste mi conocimiento para incluir caricias en mi soledad, tertulia en mi baño y franquedad en mi locura.
 
     Empecé tiempo atrás a querer añadir sordidez a mi vida pero en caso extraño lo conseguí mas diría que nunca, en mis oídos soldados, apretados, siempre consumiendo injurias sobre lo que a veces querían hacer, aunque a pocos rectos lo atribuían a sus vidas, la mía por supuesto no.
 
     Un soplo en el corazón. Calzonas de vieja escuela. Y zapatos que acaban en el cementerio de zapatos. Un lujo que pocas alcancías pueden salpicar de haber tenido en su interior, la mía ataviada con un inmenso cinto que exponía su felicidad jamás compuesta en otra vista por ella. La perspectiva era lo que mareaba.
 
     Sentía hace pocos días una corazonada, como yo no existe nadie, soy feliz, inmensamente grande y repleto, aún virgen y astuto – así se expresaba mi hurtadineros cada vez que mi mano intentaba romper su apretada estructura para con el placer visto.