Ni por un millón de besos como aquél


     Me atrevería yo a cederte ni una pizca de humanidad, de mis labios de mis risas, ni demás. Compartiendo las victorias y una ilusión, a mi lado careciste de penas y saliendo a ganar, saltabas sobre la inocencia. Y a volar. Como si fuera un estomago de fuego, me tiraste dardos a mi paladar como si yo fuera un muñeco de vudú que pasaba del dolor sonriente como tú, aplastado por tus ganas de matar.
 
    Afirmaba mi noble corazón los distintos tropiezos que me di, cuando el cielo era azul y la alegría era tal, pues estaba yo cavando mi propia inhumación a pesar de mi incredulidad. Me soplaban vientos que aspiraban el mar, con su sal incrustada en mi dolor, no volvería yo a tenerte ni por un millón de besos como aquél.
 
    La carcasa de mi alma enfurecida expuesta como trofeo en tu altar. Conquistado como una tierra valdía, aplastado por un viejo huracán que corría más allá de lo que podía esperar e impartía venganza al azar. Ofuscado cuando te compartía que era siempre que la vida era vida, y el tiempo no paraba más que para ver tus ojos color cielo y tu mirada caída del infierno.
 
     Pero yo aprendí a aprovechar, entendí cual era mi rol, entonces disfrute de ti hasta el día a que Dios pedí perdón por hacerte cosas que yo, no le haría a una persona normal. Comprendí que yo empecé a controlar la relación que iba a acabar, pues a ti no te importó jamás.
 
    Y es que ni por un millón de besos como aquél…

Todo lo bueno que hay en mí


     Tengo la sensación de encontrarme como un fruto en su árbol y que va a madurar sin recolectar, nadie lo va a probar, nadie ha descubierto lo que puedo entregar. Las cosas que en mi vida pasarán. Siempre pensando en hacer bien, lo que al propio le ha de molestar, incluso me preocupo por quién no está, saltaría tantas veces que no explico con mis manos la voluntad que me hizo Dios pagar.
 
    Vacío todo mi cariño a quién delante exprese ser una persona importante en mi lugar, comtemplando abiertamente a aquellos que no saben ni que existo, ni saludan, mi respeto tendrán aunque a veces peque de ingenuidad. Tratando encontrar mi sitio así la vida cruel es, pues por mi espalda han pasado más de una vez varios carros de combate y una armada a paso militar. Un soldado tirando duro al corazón, un francotirador de lejos apuntaba a mi entreceja obteniendo el premio por salir victorioso.
 
     Respecto al amor yo no encontrado quién mi sonrisa saque a flote después de un largo beso que luchar, mi cariño se diluye entre espesuras de bondad, las canciones y mi familia encontraron algo más. Volverá la vida a planear, divulgando tristemente mi figura en alta mar. Es extraño como aspiran mis pulmones al salir de conocer una flor tan bella como en el mes de abril, pero nunca he tenido ni una ni mil veces la capacidad para encontrar y comunicar las pasiones ya vividas aún saliendo de la soledad, nací a tumba a abierta moriré cansado de escuchar.
 
     Solo quiero que veas todo lo bueno que hay en mí. Quién abra la puerta a la que yace en su cerrojo el viejo guardián, explotará en ira y reventará la guarida que ocultaba en su laberinto de intenso azul y rojo al más paladín constipado y hambriento que se haya conocido por mí y por ustedes. Tengo aquí dentro: dos palmadas en la espalda, una correa consistente y un billete al más allá…que utilizaré cuando no tenga más remedio, pues la vida es tan bonita que jamás. Deberías descubrir todo lo bueno que hay en mí.

    Todo lo bueno que hay en mí…

El hombre incomunicado


       A veces me pregunto si hay pena más grande que la del hombre incomunicado, para mí conocido como el hombre obsoleto. Pongámonos en situación, siglo XXI, es la era tecnológica, espacial y sobre todo de la información. Donde existió el mayor invento del hombre, yo diría casi el más utilizado, y que produce mayor adicción, bienestar o sensación de control sobre los demás (hablamos del móvil). Donde cualquier tipo de comunicación es esencial tanto para la relación y progresión profesional, como para socialmente ser estipulado de amistoso.
 
     Imagínense lo que ya existe, a un hombre incomunicado, un hombre fuera de servicio, averiado, estropeado, defectuoso, intratable. Al fin y al cabo que funciona mal. No estamos hablando de una persona en estado vegetativo o muda; inconsciente o ciega…Dios o la vida no le arrebató nada, lo tenía todo, menos la comunicación, podía pensar pero también podía sentir. ¡Aaaaaay! el sentir y el pensar. Trabajar, asumir retos, complacer necesidades, pero siempre en la soledad del corte de líneas, de su grafo no conexo de su vértice con el resto.
 
     ¿Por qué no podía expresar lo que él más quería, salvo expresar que no lo podía?. No lo hacía aún pudiendo, no era feliz aun sabiendo que podría serlo, no podía comunicarse aun teniendo libre los medios (el canal no estaba ocupado), era un sistema half-duplex, de sentido único hacia él.
 
     El dolor lo derruía, comenzaba el día con la extrema gravedad de un paciente terminal, los enfermeros del enfermo eran el fútbol, las canciones y una chica. Y el enfermo más que revivir se "remoría", asustándose con el paso del tiempo, colgaban sus patas cada vez más increíblemente débiles y crujientes como la lengua asomada de un perro.
 
     ¿Había alguna esperanza?