Sevilla. Concierto de Héroes del Silencio


    Todo empezó con una duda…¿sería posible que el concierto fuera ayer?. Hacía mucho tiempo que no miraba la entrada, desde el día bendito que acerté a desplazarme a un viejo conocido y arrancarle las pocas localidades que pronto se iban a extinguir. Sacudiendo la cabeza, respiré hondo y aminoré mi corazón batallado por la incertidumbre. Todo paró y hacia delante, tenemos un día para vivir.

 
    Tenía planeado todo lo que iba a suceder antes de partir. Horas de pintura, cosí y reí. Me tenía preparado a mí, a mi verdadero yo, que no tiene sentido en los demás días de mi vida, pero aquel día sí. No me iba a importar. Coloqué mis atuendos más legales que podía obtener y con unos rayos de sol prestados a mi gafas acometí el impulso que jamás olvidaré.
 
     Me hicieron muchas fotos.
 
     Cuando llegué al Estadio Olímpico paré mi coche, que poco antes estaba sacudiendo notas de héroes por el camino, abrí la puerta y apoyé en ella un brazo con el otro al techo, un pierna al filo. Allí esperé las primeras impresiones. Tenía razón. Los primeros coches y taxis quedarón impregnados en mí, pues aficionados a mi música me saludaban y tiraban gritos de apoyo. Me decían ¡Bunbury!, que arte.
 
     Presto caminé al estadio acompañado ya de dos amigos, por dónde caminaba las miradas se hacían fuertes y expresivas. Compré una camiseta de héores que jamás tuve la oportunidad. Nos colamos. Sirvió para poco. Llegamos a la entrada me la rompieron casi sin mirar. Y adentré por el gol del estadio. Cuando asomé mi mirada por la puerta de acceso a la grada, quedé maravillado por lo espectacular del escenario y por lo que allí iba a ocurrir. Me dio miedo salir. Así que esperé. Salí, bajando a la hierba tapada por una lona azul, firme. Cogimos un lugar en preferencia, justo al lado de donde se sienta el presidente, creí que era el mejor lugar para verlo, sentado a la espera. Las horas que fueron cuatro, se pasaron con el chiste de mi personaje, para unos y para otros, gozaba de un disparo.
 
      De repente, no me di cuenta. La intro. Y surgiendo la figura alargada y complaciente de un Bunbury de época, comenzó a sonar "el estanque", una preciosa pieza. Se movía el cuerpo en las posturas perfectas y establecía una ilusión sobre mi corazón y ojos jamás descrita para mi alma, sobre la pantalla. Las leyes salvajes…aparecía el grupo real en escena…mis sentimientos afloraron como púas que se clavaban en mi piel, pero era distinto, al revés de dentro hacia fuera, mientras mi lagrimal acometía, controlado por mi fuerza. Iba a disfrutar.
 
      Tocaron las canciones que ya sabes:Opio, Ibería Sumergida, Entre dos tierras, y un largo etcetera que no se podrá olvidar. En aquel escenario grandioso cuya extensión hacia el público adoptaba una forma fálica de unos 20 metros. Allí pasaron buena parte del show.
 
      Momentos grabadados por mi memoria, no un movil. Yo quería distinguir la realidad. Por eso miré directamente a lo efímero. Un estadio repleto de 80.000 personas que con "la chispa adecuada" quiso traer el cielo a nuestros pies.
 
      Terminó con los brazos de la fiebre, que aún abarcan mi frente… lo he pensando mejor y despertaré para siempre el deseo de mi soledad. El paraíso fue escuchar, estando en aquel rincón. El disparate del caos me derroto con saliba de tu raza. En la noche de noches, todo acabo con los fuegos artificiales. A casa satisfecho, por favor no me devuelvan el dinero. Un placer.
 
PD: Marta gracias por tu crónica. Sin ti esta vivencia no hubiera sido escrita. Me acordé de ti y de Mayida. Besos.

Empezaré por impulsarme a mí mismo


    Por no apretar el gatillo y ver teñido de rojo mis ojos saltones. Intenté como último recurso darme un impulso a mí mismo, soportaba a diario la losa que me hundía en los más profundo del ser humano. Aquello debía ser decisivo, un fallo provocaría una perdida irreparable (para mí, claro).
 
   Si yo no importo jamás pues la vida me muestra, dura, la posición que ocupo en su lugar, inadvertido. Siempre pienso que nací para dar cariño y nunca recibir. El lastre que soporto se conecta con el fin, moribundo. Me comparé con la muñeca de trapo, yo era el niño y los demás la muñeca. Yo la abrazaba y la quería, esparcía continuamente mi amor sobre ella, directamente de mi corazón a sus ojos. Luego la sacudía violentamente esperando respuesta pero su mirada era fría, dirigida y petrificada. Nunca me ofrecía calor. Salvo el de su existencia.
 
   Mi amigo de Memphis, el de Brixton y como no, ese de Zaragoza. Compartieron conmigo sus inquietudes y que llegaron a solapar tan perfectamente con las mías, que la música que podían salir de us composiciones no significaba nada.
 
   Tengo una prueba de fuego. Si yo no me ofrezco el impulso, ¿a quién se lo iba pedir? o mejor aún. ¿Quién me lo iba a ofrecer?.

Pronto seré olvidado…


    Olvidado… pronto seré olvidado.
 
    A veces me veo tan fuerte que pienso que tengo el poder de la vida, ese poder me lo ofreces tú en cada abrazo, en cada complicidad. Si eso no ocurre yo me siento triste, increíblemente solo. Olvidado. Porque hay veces que me siento desplazado. Que pasa el tiempo y de mi nadie se preocupa. Solo tengo un apoyo que viene y a veces se va.
 
    Cuando las cosas hacen falta, se aprecian.Cuando el tiempo se gasta en un poder imposible, se llora. No tengo la facultad de dirigir mis sentimientos, que me están encaminando hacia el olvido. No puedo desenterrar mi tesoro, no existe una otra mala fortuna. Ya parece que estoy olvidado.
 
    Pues antes era el rey y ahora solo el vagabundo.