Mi zahorí

    Lo que ahora me preocupa es un encuentro inalcanzable. Sacudiendo mi lastre y mi disciplina alentada, yo quieto. Y mi viejo zahorí adelantándose sobre mi cuerpo sentado. ¿Qué buscaba?. Un zahorí en un ámbito adecuado busca agua pero el contexto de mi pequeño es distinto. Éste era irreal, no tangible y por supuesto muy sabio, lo cual le servía para establecer contacto no ambigüo entre mi alma y mi cuerpo, algo inequívoco.

    Siempre he buscado de lo bueno lo mejor. Pero siempre he encontrado de lo bueno lo más solitario. Ésta no era la labor de mi zahorí. Creíble o no, el contacto que sacudía su péndulo que giraba sobre mi corazón, no se movía. Era absolutamente inmóvil, rotundo.

    Un día cercano a ti, mientras me apretabas la mano y tus ojos atentaban contra los míos dónde ya no cabían más sentimientos arropados y mientras mi cuerpo establecía un contacto directo con el paladar de tu piel. En ese momento la rama que voluntarioso conducía se rompió.

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