La envidia del resto; el prejuicio de otro

   Y ahora sé que encontrarás por ahí a otros mejores. No sé si irme de aquí dónde el complot se ha creado o permanecer impasible ante las fuertes caricias de tu ira. Ahora sé que tu prejuicio es envidia del resto. Y eso me gusta, pues sé que no tienes sentimientos que te guías por impulsos y fracasas cada vez que intentas sorprenderme. Tengo una razón para no cambiar mi pensamiento. Antes eras puta, ahora sólo te arrodillas. Un intento de suicidio y un placer mandarte vida.

  Qué espíritu más austero fue el que te llevó a ofuscarte y contemplarme con arduo sentimiento. Dónde quedó maldita tu mirada hermosa a cambio de la rabia de la desdicha que te crearon. Cómo tu sonrisa generó odio por el camino dónde pisaba y dónde quedó aquel abrazo que tanto necesitaba. Una caricia honda que al verte mi cuerpo me ofrecía, por contra ahora me escupe el alma.

  Ahora sé que el provecho era tu mira, que solo tienes fe en tu interés. Y compras con tu cuerpo para afrontar estos días. Una triste sonrisa para el prejuicio de otros, que se convirtió en envidia tuya.

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