Para el día especial de siempre


     Como bien reza en el título. Y que va dedicado para el día de cada día, que siempre es especial. Pero hoy, martes, lo es más aún para una amiga y también para mi amigo, cómo no. A veces, es necesario compartir y desarrollar sensaciones, sentimientos y alegrías. Pues considero éste, momento especial para soltar, como si de una fuente en abundancia rota emanara agua por todos los recovecos dónde la presión fallara, los cariños más sinceros que puedo daros.

 
     Casi siempre mi expresión es fallona e ingenua. Casi siempre no le caigo bien a las personas (rayos odio grrr) :P. Pero sólo es falta de mi comunicación oral, lo que a este punto me hace llegar. Pero aunque casi siempre no exprese lo que realmente deseo y pienso. Puedo ser capaz de no fallar en lo que escribo aproximándome más a lo real.
 
     Si me alegro de conoceros, Ana y Fran, Fran y Ana, es por que os considero muy buenas personas, porque vivimos momentos muy importantes para la amistad y concentráis buenas energías en todos los sitios en los que aparecéis. Siempre, y nunca quiero perder la inocencia, saber ver la calidad humana que existe a mi alrededor, y la valoro porque me satisface conocer a personas que hacen por alegrar a los demás, que viven felices y hacen felices a los que a su lado están. Es lo puro de la persona lo que te hace vibrar. Ustedes sois personas de verdad, personas con afán y amigos de postín para un recuerdo bonito, de quién hablar.
 
     ¡¡¡Ana, Feliz Cumpleaños!!!. Pásatelo muy divertido, y aprecia el cariño de los que a tu alrededor están, que es mucho por lo que sé y puedo notar e imaginar. Junto a Fran y la familia.
 
PD: sabes que aún me acuerdo de la miga 😛 de René :D. ¡Sabes que soy tu fan!.

¡Deseo ese momento!


    Hace un tiempo indeterminado, y por azares de la vida aprendí de forma unívoca lo qué significa el concepto de belleza. Dentro de este término, para mí, existe un intervalo que se mueve entre el extremo de la belleza natural, y el otro, que es la belleza personal. Maravillosamente vi colmado y rebosado este espacio vacío hasta el momento.
 
    Quiero hablar de lo bello, de mi asombro ante tu carita divina graciosa. Imposiblemente definida por el gran poeta. Lo voy a intentar. Pues es extraña la sensación que tengo al imaginarte, dado que no tengo el placer de conocerte, pero sé que eres la más bonita de entre las flores que consiguieron impactarme en la más voluptuosa primavera. 
 
    Si tú, muchacha, se comenta entre los más sabios conocedores de lo extasioso, en tertulias de catadores de los divino y de los máximos placeres del mundo, que fuiste a derrotar a la propia belleza mirándola cara a cara, y que ésta al verte, dejó en ti su legado con el convencimiento de jamás ser superado de nuevo. Tienes los límites de la lindeza en tu propio ser. Por derecho propio.
 
    Por eso, deseo el momento de mirarte a los ojos, modelo :P…
    ¡Aunque fuere en silencio!

¡Me vetó la indiferencia!


    Mañana mismo…lo escribiré. Y hoy es el mañana de ayer. Siendo éste el día que no tuve tiempo de escribirlo aunque hubiera sido bonito hacerlo recien complacido.
 
    Me ha llevado, durante y después del espectáculo, tiempo para discenir sobre la difícil decisión en la elección de un buen rótulo para esta entrada. Me hubiera encantado encabezarlo con "Poveda se hace grande en la silla" o "¡Miguel siéntate!", ya les diré porqué.
 
    Hoy no quiero realizar una crónica del momento que presencié ayer en el Lope de Vega, del espectáculo "Las coplas del querer" de mi artista preferido Miguel Poveda, sino una crónica desde mi interior. Pero no reflejando lo que vi en el show, puesto que para eso podríamos comprar cualquier periódico y disfrutar mil veces más que lo que yo humildemente pueda escribir. Sino que quiero darle una vuelta de tuerca, un giro a lo conocido hasta ahora como crónica para decir esto:
 
    Personalmente, será la palabra clave para este texto. Explico. Sentado, bien atabiado, con sentir abierto y rozando el aire que expuesto había entre tú y yo (el otro siempre será Miguel). Aire que sale de tu pecho, que vuela entre tú y yo, y respiro, sintiéndote dentro. Muy dentro. A ciegas.
 
    Tú eres grande, pero grande en la silla, ¡Poveda siéntate! en el regazo de la clave del flamenco, esa que sentado te hace subir, te hace potente ante el cante, así casi lo humillas si no fuera tan grande, pero tú lo eres más, sentado. Te sientas en el filo del gitano más amargo y del payo más sentío, que con dulce y bronca voz pueden emitir soníos TRA LA  Rá… tu garganta face ramos de lirios, porque a ciegas yo te creo, ya no tienes que darme cuentas jamás de tu capacidad. Porque con el oído perdío, sé que ir a verte garantiza un golpe de alegrías aunadas en el más satifactorio de los momentos que puedo vivir.
 
    Un vaho negro recubre el espeso escenario. Pienso. ¿Acaso hay alguien más en este mundo, que sin estar en él, pueda llenarlo?. Pues tú sí Miguel. Otro corrillo de buen hacer que me traes a la memoria, cuándo deba acordarme de un instante maravilloso. Ayer me robaste la indiferencia, y me la robaste para no devolvérmela jamás. Y hay de ti como lo hagas, porque…
 
    Aún recuerdo el tiempo que la gente aplaudió ayer, quizás fuese aproximado al tiempo que me llevó escribirte hoy.
 
Gracias, a Miguel Poveda.
Javier Losada Sánchez. 

¿De dónde provienen los sentimientos?


    Cansado ya de sopesar las costumbres que a diario rebatían dulcemente mi ignorancia. Comencé a pensar de dónde emanan los sentimientos que tú y yo podemos percibir a diario, aunque sin tiempo definido. Puesto qué triste sería, si supiera cuando voy a sentir alegría y qué féliz me hace, no saber cuándo seré un persona triste. O quizás, se pueda sentir en un sin sentido de veces locas, continuadas y magníficamente hiladas. Me gustaría esto si no es por más de un tiempo. Admito.
 
     ¿De dónde nacen los sentimientos?. Exactamente no nacen, pues ahí están. Repito la pregunta, entonces. ¿A dónde van y dónde se almacen?. Pues se cruzan con los que vienen y se guardan de dónde parten.
 
     Caballero. No me dé vaivenes que no estoy para retos. Expresame sin engaños ni trabalenguas, el proceso austero del sentir humano. Concluya, en que yo tenga vacías mis cuencas y mis manos rojas. Y un sudor por mi mejilla, tan salado como el mar en su orilla. No le pido salir del trance que me provoca el misterio. Sólo gozar abiertamente de circuito que anhelo.
 
     Yo muchacho, te explico. Conforme a tus alabanzas sobre mi persona. Gracias, es la palabra más certera. Para no mentirte, no sé de dónde surgen los sentimientos, ni tampoco dónde se van. Si acaso tú me lo dijeras. Lo intentaría. Y no forzando mi humildad te confieso un secreto. Los sentimientos, no existen, sino que son momentos en el tiempo provacados por nuestro cerebro y esqueleto, nunca pensaste que lo más complicado tuviera la posición reveladora en lo más evidente de nuestros cuerpos. Así que muchacho, cultiva tu cerebro y cuida tu cuerpo, esa es la fuente de nuestros sentimientos.
 
    Más allá, se puede sentir, un falso sentimiento.

¡Un instante obligado!


     …eso es lo que me decía el corazón.
 
     Ayer. Y sin más demora, gracias a la previsión que esta vez sí tuvimos, pude disfrutar del más añorado deseo que en cuanto a sentimientos deseaba vivir. Era verte René. Sólo eso, pendiente desde mucho tiempo atrás, desde que me enseñaste en la lejanía de tus historias, cómo se jugaba a la magia imbrincando poemas hermosos sobre mi más afable sentimiento de satisfacción y armonía. Conseguiste lo que pedía ver. No me interesaban los juegos. Simplemente el debatir de tu verborrea calmando suvamente al teatro, que gran palabra esta última, René. Teatro. Puro teatro. Pura poesía y sabiduría es lo que tú me das, René. Por eso te doy más que mis aplausos fervorosos y agerridos. Te doy lo que yo puedo darte con más virtuosidad, la de mi humilde escritura.
 
    Se pasó el tiempo galopando en mis sienes, mientras que con un gesto de niño pequeño observaba, embebido en mis momentos vividos al lado de tus historias que disfrutan de la belleza, de las horas aprendiendo tus técnicas, y de los aplausos que gracias a ti he recibido de una forma muy humilde, lo quiero decir.
 
"…en una ciudad a las afueras de New York,
un hombre que tomaba el autobús portaba un ramo de rosas.
Se sentó, y a su frente, observó una muchacha,
que simplemente miraba el ramo, absorta.
El hombre comprendió que la chica deseaba las flores,
aquellas flores hermosas.
Entonces el hombre dijo, – "Señorita, ¡tome las rosas!".
Ella tímidamente le dijo: – "Gracias, señor. Le agradezco el gesto
pero no puedo aceptar. Seguro, que esas flores ya bogan a un destino".
El hombre alegremente, – "Sí. Son para mi esposa. Pero estoy convencido
que cuándo le explique el motivo, a ella no le importará."
La chica aceptó el ramo dubitativa. Mientras que el hombre se despedía
y bajaba del autocar. La muchacha miraba lo miraba mientras el autobús partía
y convencida ahora de la intención pura de aquel hombre, comenzó a llorar.
Vio que el señor entraba en el cementerio…"
 
    Tantas cómo éstas, cómo lágrimas me quita, cómo fuerzas me concede, cómo virtudes me muestra, cómo razones me devuelve usted, tantas y tantas más que le queden.
 
    Desde que supe de ti. Mi corazón sólo tiene un brazo. El que le da de comer a mi alma.
 
    Gracias, René Lavand.
 
    Javier Losada Sánchez
 
PD: no puedo olvidar el bonito detalle de Ana. Al entregarme una de tus migas. Gracias Ana y Fran =D.