¡Un instante obligado!

     …eso es lo que me decía el corazón.
 
     Ayer. Y sin más demora, gracias a la previsión que esta vez sí tuvimos, pude disfrutar del más añorado deseo que en cuanto a sentimientos deseaba vivir. Era verte René. Sólo eso, pendiente desde mucho tiempo atrás, desde que me enseñaste en la lejanía de tus historias, cómo se jugaba a la magia imbrincando poemas hermosos sobre mi más afable sentimiento de satisfacción y armonía. Conseguiste lo que pedía ver. No me interesaban los juegos. Simplemente el debatir de tu verborrea calmando suvamente al teatro, que gran palabra esta última, René. Teatro. Puro teatro. Pura poesía y sabiduría es lo que tú me das, René. Por eso te doy más que mis aplausos fervorosos y agerridos. Te doy lo que yo puedo darte con más virtuosidad, la de mi humilde escritura.
 
    Se pasó el tiempo galopando en mis sienes, mientras que con un gesto de niño pequeño observaba, embebido en mis momentos vividos al lado de tus historias que disfrutan de la belleza, de las horas aprendiendo tus técnicas, y de los aplausos que gracias a ti he recibido de una forma muy humilde, lo quiero decir.
 
"…en una ciudad a las afueras de New York,
un hombre que tomaba el autobús portaba un ramo de rosas.
Se sentó, y a su frente, observó una muchacha,
que simplemente miraba el ramo, absorta.
El hombre comprendió que la chica deseaba las flores,
aquellas flores hermosas.
Entonces el hombre dijo, – "Señorita, ¡tome las rosas!".
Ella tímidamente le dijo: – "Gracias, señor. Le agradezco el gesto
pero no puedo aceptar. Seguro, que esas flores ya bogan a un destino".
El hombre alegremente, – "Sí. Son para mi esposa. Pero estoy convencido
que cuándo le explique el motivo, a ella no le importará."
La chica aceptó el ramo dubitativa. Mientras que el hombre se despedía
y bajaba del autocar. La muchacha miraba lo miraba mientras el autobús partía
y convencida ahora de la intención pura de aquel hombre, comenzó a llorar.
Vio que el señor entraba en el cementerio…"
 
    Tantas cómo éstas, cómo lágrimas me quita, cómo fuerzas me concede, cómo virtudes me muestra, cómo razones me devuelve usted, tantas y tantas más que le queden.
 
    Desde que supe de ti. Mi corazón sólo tiene un brazo. El que le da de comer a mi alma.
 
    Gracias, René Lavand.
 
    Javier Losada Sánchez
 
PD: no puedo olvidar el bonito detalle de Ana. Al entregarme una de tus migas. Gracias Ana y Fran =D.
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Un pensamiento en “¡Un instante obligado!

  1. De las palabras humildes (que, si me permites, no lo son tanto) nacen los verdaderos sentimientos hilados con finas hebras del alma deshilachada que nos dejan cuando alguien es capaz de remover en nosotros lo más profundo de nuestro ser. Un placer leerte. Ciao

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