¡Me vetó la indiferencia!

    Mañana mismo…lo escribiré. Y hoy es el mañana de ayer. Siendo éste el día que no tuve tiempo de escribirlo aunque hubiera sido bonito hacerlo recien complacido.
 
    Me ha llevado, durante y después del espectáculo, tiempo para discenir sobre la difícil decisión en la elección de un buen rótulo para esta entrada. Me hubiera encantado encabezarlo con "Poveda se hace grande en la silla" o "¡Miguel siéntate!", ya les diré porqué.
 
    Hoy no quiero realizar una crónica del momento que presencié ayer en el Lope de Vega, del espectáculo "Las coplas del querer" de mi artista preferido Miguel Poveda, sino una crónica desde mi interior. Pero no reflejando lo que vi en el show, puesto que para eso podríamos comprar cualquier periódico y disfrutar mil veces más que lo que yo humildemente pueda escribir. Sino que quiero darle una vuelta de tuerca, un giro a lo conocido hasta ahora como crónica para decir esto:
 
    Personalmente, será la palabra clave para este texto. Explico. Sentado, bien atabiado, con sentir abierto y rozando el aire que expuesto había entre tú y yo (el otro siempre será Miguel). Aire que sale de tu pecho, que vuela entre tú y yo, y respiro, sintiéndote dentro. Muy dentro. A ciegas.
 
    Tú eres grande, pero grande en la silla, ¡Poveda siéntate! en el regazo de la clave del flamenco, esa que sentado te hace subir, te hace potente ante el cante, así casi lo humillas si no fuera tan grande, pero tú lo eres más, sentado. Te sientas en el filo del gitano más amargo y del payo más sentío, que con dulce y bronca voz pueden emitir soníos TRA LA  Rá… tu garganta face ramos de lirios, porque a ciegas yo te creo, ya no tienes que darme cuentas jamás de tu capacidad. Porque con el oído perdío, sé que ir a verte garantiza un golpe de alegrías aunadas en el más satifactorio de los momentos que puedo vivir.
 
    Un vaho negro recubre el espeso escenario. Pienso. ¿Acaso hay alguien más en este mundo, que sin estar en él, pueda llenarlo?. Pues tú sí Miguel. Otro corrillo de buen hacer que me traes a la memoria, cuándo deba acordarme de un instante maravilloso. Ayer me robaste la indiferencia, y me la robaste para no devolvérmela jamás. Y hay de ti como lo hagas, porque…
 
    Aún recuerdo el tiempo que la gente aplaudió ayer, quizás fuese aproximado al tiempo que me llevó escribirte hoy.
 
Gracias, a Miguel Poveda.
Javier Losada Sánchez. 

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