Mi vista, subjetiva. Mi mente, objetiva.

    Con el trascurso de un intenso ciclo de mi vida, las constantes vitales de mi corazón ya no golpean con la fuerza y la virtud de los años importantes. Considerando en buena medida que las ilusiones más potentes que he vivido, aún no las he saboreado con el orgullo de sujetar un clavel rosado en la boca y guardado en el pequeño bolsillo de mi corazón.
 
    Hoy tengo ganas de querer. ¡Tanto, tanto!, que se me desborda la fuerza por cada poro de mi piel, por cada lágrima de mis ojos, y por cada centímetro de mi alma sin medida. Espero darle salida a este hermoso sentimiento, que hoy me invade más que nunca. Siempre entendí que el amor es cosa de dos, y hoy sé que no. El amor está concebido para su perfecta ejecución en la pareja, no importando sexo, especies o razas. Pero hoy sé que el amor se puede sentir en la absoluta soledad, sin nadie a quién entregárselo ni tampoco dominar. Éste creo que es el amor ideal.
 
    Mi vista, subjetiva. Mas deberíais reprocharme lo contrario con un impulso recto y voz palmada sobre la mesa de la razón. Y mente objetiva, comienza a dar vacileos de migraña al más completo admirador de la cordura.
 
    Aún hoy día creo en estas dos locuras; mi mente literal y mi vista subyugada.
 
 
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