Dos vidas


     Jamás me he sincerado, dicho tanto y tan hondo de mí. Cómo pasará en las próximas líneas:
 
De puertas para fuera
 
Un, dos, tres (respiro)… y saco fuerzas. Ahora es posible que me veas sonreir, de puertas para fuera, quizás soy un necio hambriento de cosas que la vida me ha negado, alguién fustigado y abandonado por el saber hacer, alguien pensaréis a quién no merece la pena conocer. Ese soy yo. De puertas para fuera, no tengo la tranquilidad y sosiego en mis palmas, en mis cuerdas vocales consecuentes  con la cordura que la vida me premia día a día. Ante ustedes y siempre demostrado queda, soy un cabeza-loca, un tragaldaba argentino, o cualquier cosa que realmente no merece la pena contrarrestar. Parezco valiente en el trato, cobarde en la lucha. Y de puertas para fuera soy un excéntrico y sencillo clonado de una estupida película americana.
 
De puertas para dentro
 
Tres, dos, uno…(aspiro) y saco fuerzas. Ahora es posible que me veas llorar (ahora en este momento) desconsoladamente. De puertas para dentro consigo sacar todo mi potencial humano recogiendo con la mano de mi corazón todo lo que no puedo dar hacia fuera, conservando mucho vivido e intuído. De puertas para dentro, mi cabeza resuena con pretéritos imperfectos cada día, y eso es muy difícil de llevar. Ahí salen fuera cuando hablo en soledad. Cruza la línea hacia dentro y posterga tu sabiduría, las premisas consagradas, sobre mi persona e inténtalo. Hoy más que nunca (y hoy es hoy) necesito de tus abrazos (amigo/a) y que consueles mis lágrimas porque es la primera vez que me he visto herido de gravedad en el alma. Esto es literal. Por que te aseguro que durante estas líneas decoradas con muy poco gusto, un servidor, mantiene la cabeza gacha y el suspiro fuerte, para cuando el aire llegue, continuo y exagerado aborde mi fuente escasa y abandonada por lágrimas, que no son lágrimas sino dolor del más intenso vivido.
 
Hoy no tengo ganas de ser ni el de dentro ni el de fuera. Pero estoy obligado a ser el de dentro. Sería bonito ser el de fuera porque al menos irían las cosas bien. Pero ahora, dentro, hay muchos problemas para poder salir.
 
Si pasara el tiempo y todo fuera como deseo, le doy viento a la puerta para que entreabierta se comuniquen para así poder expandir el cúmulo de todo lo que aún no he podido dar.
 
Incluso, me puedes preguntar…

Una hoja caduca


       Llega el invierno, sobresaliente época para el embrujo frío, y con él los trastornos y disciplinas que le ha  enseñado a la naturaleza para con nosotros y con ella misma. Siempre me encanta sucumbir ante las directrices que existen por orden tautológica, hablando por el azar. El ejemplo que pongo para demostrar la fuerza de la naturaleza ante mí, la de la hoja caduca (analogía a la vida).
 
        En la mayoría de los casos llega la primavera y crece, débil y delicada, y avanza su ciclo hasta que por un momento piensa que siempre será perenne, fuerte y extremadamente completa, que a lo largo del tiempo va visitando momentos ineludibles, cuya factura es sólo el silencioso futuro (no lo percibe). Pero de verdad la naturaleza lo sabe, no concreta pero lo sabe, que en el invierno próximo la hoja caerá, morirá. Y mediante una caída libre y extrema chocará contra el suelo estrepitosamente abandonando, no sin sufrir y luchar, al resto de su árbol.
 
        Sé que tengo fecha de caducidad, y aún estando en el mundo de los hombres, garantizo que pienso que seré como la hoja caduca de ese árbol de clima cálido. Horrible y  mala sensación si pienso lo contrario.

El fin de un día largo


     ¿Quién no ha deseado alguna vez que terminara un mal día que se le estaba haciendo demasiado amargo? Pero esperen un momento. ¿Quién no ha deseado que ese día jamás volviera a repetirse en lo que le reste de vida?. Aún podría decir más, esperen, ¿Quién no habría querido que ese día exactamente fuese un solo día?.
 
      Por último, y termino con una pregunta. ¿Quién conoce los días por meses?.

Hay besos…


 
…que duelen cuando besan.
…que son sólo besos.
…que se adhieren a mi alma.
…que por costumbre son sólo besos. Y no se sabe si son costumbre o besos.
…enlazados en mis labios. Los recuerdo.
…que esperando se quedaron.
…cariñosos que no tacaron besos.
…que se separan en la distancia.
…y sólo besos.
…imaginados en el aire.
…cansados de dar besos.
…imposibles olvidarlos.
…con paradas en miradas.
 
No hay besos…
 
…que por quererlos quedan presos.
…que no quiera dar sin cariño.
…íntimos sin nadie.
…que respiren de hazañas.
…que por no quererlos destrocen mi alma.
 
Lo que tú me des que sean besos y sólo besos.
 
                                                                                     Gracias a Carlos Goñi.
 

La parte que me guardo


   Uno de los aspectos más bonitos y sobrios de la vida, siempre será la parte que no se emite. Esa parte incomunicada del ser humano para con los demás. La que hace que tú, estés orgulloso de ti, mientras que los demás piensan que eres quién ven y no quién tú sabes. Un defecto mío: jugar al despiste.
 
   Es tan importante esa porción de defectitud (sí, ya sé que me inventé la palabra pero es tan bonita) que hace clamar mi alma. Dentro de la soledad, ésta me acompaña. Si no robara a la vida las pequeñas porciones de mi similitud a un bondadoso alma, ya no sería nadie. Aumenta mi soslayo continuo del sufrir. Y parpadea correteando las pupilas de mi mente.
 
   Tú y yo, es el dicho del aquel primer observador. Yo digo que no, tú y yo. Como lo oculto en mi ser.
 
   Y no soy así sino sólo lo parezco ser para mantener la esperanza de seguir guardando la fruta de poder ser.
 
  

EL reducido mundo de la importancia


Y así es. Por mucho que nos duela y por mucho que siempre había pensado que los localismos no me afectarían, pues para mí pienso eran trabas que no permitían el avance personal ni tampoco colectivo, me ha catalizado fugazmente el propio peso del corazón, hablando metafísicamente, hacia unas cotas insospechadas por mi más aguda señal de inteligencia.

Es el  arma de defensa definitivo, sin ruido y no necesita bálsamo de recuperación. No es visible y sólo requiere de vivir en este mundo, y por premisa que el localismo no te afecte a la felicidad.

Imagínense su propio mapa local de sentimientos. Rodeen círculos de importancia sobre lo que para ustedes la tiene. Y ahora observen el resto, se ve grande, se ve la gran mayoría. ¿Qué pasaría si otra persona a continuación de la primera empezará a trazar sus círculos de importancia?. Y a posterior otra. Y así hasta completar una no muy extensa lista de varios cientos, de varios miles. ¿Se solaparían?. Pues sí. Sí la habría, la intersección entre todos los conjuntos de importancia personales, no es nada más que toda la población mundial.

Y a veces se siente uno tan solo. Sin círculo de importancia dónde caer. Sin nadie que cubra su rango.

Inconsciente


         De pie con los brazos en jarra y la espalda arqueada levemente hacia atrás, me encontré frente a un bosque hermoso. Nunca sabré realmente que fue lo que me llamaba de aquella vegetación tan voluptuosa, y el hecho de acceder con tan firme paso. Aún así, me adentré.
 
         Las sensaciones que al principio mi cuerpo iba apreciando no coincidían en calidad ni volumen con ninguna otra que hubiera experimentado en toda mi vida. Presentía que iba a ser un viaje alucinante.
 
         Caminaba ya, una hora, a través del denso bosque y empezaba a notar como el sudor resbalada por mi blanca frente y alcanzaba uno de mis ojos, notando un escozor que no lograba aliviar. No conocía nada de lo que estaba observando, el gusto, la vista y el olfato casi nacían de nuevo para mí. De repente, mis piernas se hundían en el fango farragoso de una ciénaga que dificultaba paulatinamente mi escape, cada vez más hundido y con menos fuerzas para avanzar, absolutamente cubierto de barro, me caía y de rodillas avanzaba con la palma de mis manos absolutamente mojadas y sucias. Llegué hasta la base de un árbol y allí tumbado de espaldas pude apoyar mi lomo en la base de aquel tronco gigantesco. Estaba absorto y agotado, no tenía noción del tiempo que llevaba desde que me adentré en aquella aventura. Tampoco y aunque parezca ficción, tenía conocimiento de que hacía allí y porqué me interné en la frondosa flora de aquel lugar.
 
        Desperté. Mirando hacía un lado u otro, no lo recuerdo, contemplé que todo seguía igual,  y que todo aquello no había sido un sueño.  Intenté erguirme y mis piernas temblaban, estaba vacío de fuerzas, que contrarrestaban con mis ganas de explorar aquel lugar. Caminé con mis canillas tiritando y todo mi cuerpo resbalado por el barro y la suciedad cuando tropecé repentinamente con la cola de un animal salvaje, parecía escamoso y largo, pensé que era la serpiente más larga del mundo, comencé a seguir su rastro metro tras metro, camine lo que a mí me parecieron varios kilómetros deseando encontrar la cabeza de aquel animal tan extraño a la vez que temeroso. Cuando ya cansado iba a desistir en el intento por conocer el misterio de aquella larga cola, algo comenzó a escupir sobre mi cara un líquido transparente, ¡Dios! qué era aquello, cuando el vaho del agua permitió que mi vista se recuperase me di cuenta que no era otra cosa más que la serpiente infinita estaba atacándome, su estrategia era la de un ataque en círculo, así que comenzaba a escupir veneno en 360º para que así ningún enemigo pudiera hacerle daño. Viendo que era imposible combatir con aquel bicho sacado directamente de las profundidades del infierno, desistí y tomé rumbo hacia otra dirección.
 
        Ya había caminado a campo abierto varios kilómetros, me encontraba muy agotado, cuando de repente encontré un lago increíblemente bello, dónde nadaban hojas de un tallo exquisito, flotaban al lado maravillosas flores de colores y de vez en cuando el agua se estremecía y se ondulaba tras el salto glorioso de una rana, detrás del agua cristalina se podían observar decenas de peces pequeños que se movían de un lado a otros como guiados por unas fuerzas opuestas que nunca alcanzaban a colisionar. Me detuve varios segundos sólo para observar aquel impresionante y gigantesco paisaje. Pero estaba sediento, así que corrí exahusto hacia la orilla y clavé la cabeza en aquellas aguas, pertubando la paz que de ella se emanaba. Al levantar la cabeza observé un paisaje totalmente distinto, ¿había vivido una alucinación?, puesto que ahora observaba al fondo un gigante de hierro y alrededor de mí no había espesura, quedó todo como desértico, como si un fuego hubiera arrasado todo el campo alrededor del lago, quedé perplejo, fue aquel robot malvado que aún se movía de un lado a otro como si de un péndulo hipnotizante se tratara. Maldito robot. De nuevo tuve que huir.
 
        Agitando mis piernas con prontitud y virulencia alcancé un senda de piedras que no sabía hacia dónde me llevaría, pero lo que sí sabía es que aquello no era natural, alguien lo había colocado allí. Y por supuesto conduciría a algún lugar, peligroso, ¿misterioso o no?, el tiempo lo descubriría. Después de pocos minutos andando sobre el camino de baldosas se alzó ante mí un muro de dimensiones estratosféricas, no alcanzaba a ver el final, evaluando intuí que aquello no podría ser otra cosa que una fortaleza, un castillo de algún lugar perdido, dónde reinara algún tirano maldito. Encontré la puerta que me superaba en altura por doscientas veces mi cuerpo. Aporreé la puerta como lo haría el más fuerte de los arietes de guerra, pero nadie abría y menos aún la puerta se movía ante mis insistentes y forzudos golpes. Un grito gruñón y potente salió de detrás de aquellos muros asustándome tan súbitamente, que de nuevo, me incitó a correr como alma que lleva al diablo.
 
        Con el corazón palpitante me posé sobre las rodillas agazapado esperando un soplo de aire que pudiera alentarme la respiración y así calmar la fuerza contragolpeadora de mi sangre inundando cada rincón de mi cuerpo que intentaba llevar oxígeno a todas mis células. Cuando al poco tiempo recuperé parte de mi aliento, divisé una cueva a la que acudí con premura, sigilo y observador, puesto que aquella gruta podía contener muchos peligros, uno de ellos, ser la morada de un animal salvaje. Tras la inspección del lugar oscuro y frío no noté presencia de animal alguno, así que me refugié allí durante largo tiempo en la tarde. Tenía un mal presentimiento, el suelo estaba húmedo y parecía orín de algún mamífero que acostumbraba casi con total seguridad pasar las noches en aquel inhóspito lugar. No aguanté mucho más por temor a encontrarme cara a cara con algún peligro del que no pudiera escapar y salí cuando mis fuerzas volvieron a renacer.
 
        Después de caminar observando las maravillas de la naturaleza; posar mariposas en mi manos y oler flores luminiscentes (exagerando la expresión) casi incandescentes en su color, reflejarme en aguas cristalinas pertenecientes a los nacimientos de ríos que asemejan un hilillo de pudor esmeralda. Después de todo esto, llegué a un lugar extraño y absolutamente misterioso, me hacía dudar, me hacía retroceder y ante uno de mis pasos atrás choqué súbitamente con "algo". Al girarme, "¡Dios! que es esto" – grité. Alzaba ante mí un gigante, un ogro que quería capturarme, comencé a correr desesperadamente por el bosque con las últimas fuerzas que poseía. En una de mis miradas atrás para ver si aún me perseguía, pudiendo corroborar que sí lo hacía. Al girarme de nuevo al frente me estampé contra el pie de un segundo gigante, golpeé la boca en su rodilla y caí al suelo mareado y dolorido. Me capturó y me llevó a su mazmorra. Profundamente dormí.
 
        Al despertarme hoy. Comprendí.
 
        Yo tenía dos años, cuando mi madre y mi padre me llevaron al parque por primera vez. Había llovido y había mucho fango para mis cortas piernas. La serpiente no fue más que la manguera que regaba los jardines. Los charcos parecían lagos. Un cortacesped. La casa del guarda del parque, ¡qué fortaleza!. Con su caseta del perro, un pequinés.
 
        Viví una aventura que acabo en pesadilla hasta que mi madre logró calmarme en sus brazos y dormirme, para convertir aquella pesadilla en anécdota que hoy día os puedo contar a ustedes.
 
        Sólo pido una cosa. Mamá, convierte ahora de nuevo mi pesadilla en felicidad.
       
                                                                                                                                                                                                         Te quiero.