El glamour

Desde pequeño, desde que puedo recordar casi, la humildad viene siendo mi razón de ser. Nunca he conocido el glamour, ni por supuesto lo quiero tener. No quiero tener una colección de lujuria, sino empezar desde cero e ir creciendo en todo momento y mirando al horizonte, nunca por encima de él. Realmente, esta manera de trabajar, de formar mi vida, viene determinada claramente por mis padres, pero sobre todo por mi razón.

La forma de la que he vivido me hace ser feliz con casi nada. Tengo muy poco para ser feliz y he tenido que aprender a aprovecharlo. Gracias a esto, sé valorar momentos y situaciones que encauzan los sentimientos, y no los duros objetos materiales. Una sonrisa, un abrazo, un buen trato, o quizás una mirada no son suficientes para mí. Necesito que detrás de todo eso haya una persona humilde, para que a partir de ahí, se pueda construir un objetivo real, sin cimientos ficticios que pronto caerán. A mí, incluso lo peor me hace sentir feliz.

Tengo algunas comodidades del mundo moderno y que ahora puedo valorar, antes no tenía necesidades básicas como un termo de ducha, una cocina equipada. Pero sí el calor de una mano tendida amiga.

Material sí, pero no necesario. Lo que me puede faltar, no lo puedo comprar ni ayer ni hoy ni nunca.

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