No tomes y sueltes mi mano

Hubo un día en el jardín de los humanos, una historia curiosa y realizada, que servía de ejemplo para los demás y de enseñanza para uno mismo.

Dos personas que se conocieron azarosamente, un día en aquel lugar de concurridos planes, empezaron a mirarse y ejecutarse frases directas al corazón, tan que en pocos días, se agarraron la mano para ir caminando y mirándose… se besaban, las caricias y los besos eran su saber estar. Promocionando el dulce beso, el beso que sale porque sí, el beso en la mejilla, el abrazo en amplia sonrisa y la noche, detrás, corría de su parte.

Gran luna, gran momento de luna, fueron pocas lunas las que llevaron a sus espaldas. Pero ¿por qué no más? ¿Por qué ella le soltó su mano?. Descubrió al tiempo, que la mano era prestada, que el cariño dado voló porque no importaba el pájaro. Qué tus plumas ocultaban tu rostro para ella.

“Hoy tu mano, mañana no sé” – decía.

Pero otro pájaro vendrá y extenderá su ala, ancha, para abrazarle mientras migra a otro lugar buscando de nuevo a quién soltar de su resbaladiza mano.

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