Diario de amor. Página 6.


Sigo escribiendo páginas del único diario  de amor que escribí en mi vida.

“Morena de Sevilla”

Hoy tengo ganas de escribirte

con gracia y tirarte piropos uno

tras otro, porque eres morena, bonita

y tienes una chispa que ningún

agua te la quita.

 

“Qué esto es público y notorio

er día que no te veo, hablo

por la calle solo.”

 

“Yo metí a la lotería

me ha tocao tu persona,

que era lo que yo quería.”

 

“A los árboles los blandeo,

al toro bravo lo amanso.

Pero contigo morena ¡No puedo!”

 

“Te vi vení por la serranía.

¡Pintores no te pintarán

tan bonita como venías!”

 

“Y me tengo queí a viví

aonde dicen que se gana

la gloria antes de morí…”

 

Esto es al laíto de tu persona que

es lo único que quiero sentí.

Seguro que te ha hecho gracia mi forma

de tirarte piropo, si/no es que ere una

malaje y en mi vía yo te arropo.

¡¡Viva la morena de Sevilla!!

Diario de amor. Página 5.


“El bosque del hada”

Amanecí perdido en una niebla densa,

como si mis ojos permanecieran empapados

por un vaho totalmente resbaladizo sobre

mis pupilas. Todo tipo de criaturas celestes

corren a mi alrededor y tengo miedo, allí,

en la oscuridad del día.

Avanzo camino a una lejana voz

de algún hermoso ser, imagino. Recorro en el

tiempo decenas de minutos y horas, incluso

días y meses. Prefiero que hoy día sean

años. Para encontrarte de frente en

aquella luz flotando sobre la tierra que

me apartó la niebla e inspiró los

momentos más claros que jamás podré

vivir y animoso miro cada día a

mi hada del bosque, la que me hace

sonreir, llorar, gritar y amar a ella

y a la vida. Por la que soy feliz

y a veces entristezco. Pero por la

que daría el resto de mi luz, si

algún día a ella se le acabara,

yo me iría de aquel bosque para

que tú, mi hada ***** <(aquí el nombre)>, tengas la

luz que te pertenece por ser exquisita

y dulce, especialmente porque yo tuve

la extraordinaria suerte de vivirte y

poder ser iluminado por ti.

Diario de amor. Página 4.


Si los días fueran tuyos

¿Acaso hoy día no lo son? Posiblemente

en buena parte sea así. Pero esa pequeña

parte que tú astutamente manejas, no

consigues direccionarla claramente hacia mí.

Espero que los días tuyos se vayan

convirtiendo en los míos. Que desees que

así sea y me lo hagas ver.

Tus pequeños frutos y decisiones

a veces me merman y a veces me

alegran, pero me atrapas y que pegado

a una red de seda que me es imposible

despegar y comenzar a caminar a tu lado.

Quiero que los días ya sean tuyos,

para que también sean míos.

Diario de amor. Página 3.


Ojalá tu amor y el mío se entendieran…

A razón de que todas las personas no

tienen parecido jamás en sus acciones ni

en sus circunstancias. Se repite que el

amor es Universal. Nada más lejos de la

realidad. Cada amor es más que una

persona, por lo que es más imperfecta que

cualquier otra analogía de ideas.

Sé que nuestro amor es muy distinto

puesto que nuestras vidas son muy alejadas,

y especialmente en nuestro caso por lo que

ya sabemos. Pero la carencia se suple

por lo especial que llegas a ser en algunos

momentos, por lo que puedes mostrar con

tus ojos y en tu mirada. Sólo le pido a

la idea de amor que ambos tenemos

que vaya uniéndose a medida que

nuestras vidas se acerquen, que tú crezcas

y yo mengüe. Porque mi amor es muy

entregado, muy tuyo. Y tu amor es más

desprendido, más pausado.

Quiero aprender a darte lo que

necesitas, no más de eso. Porque quizás

eso hace que a mí me falte lo

que te doy de sobra, es la parte

que tú no me devuelves. Sé que

es por mi idea de amor, que es

muy idealizada y sin miramientos.

Te daré lo que necesitas para

acercar nuestras ideas. Y vivir un amor

con idénticas miras. Sólo amor.

Diario de amor. Página 2.


Volverte a enamorar

Estaba enamorado de ti por completo.

Pero tenía el problema de que tu amor,

aunque correspondido, no se dirigía exacta-

mente a mí. Tenías la imagen mental

de un aspecto completamente distinto al que

yo tenía en realidad, y las circunstancias

muy distintas para todo. Para nuestro encuentro.

A mi sorpresa, no porque no lo esperara, y conociera

tu nivel de madurez, pese a tus ****** años,

pero aceptaste aquello con total naturalidad

y un exquisito gusto que me dio el verdadero

empujón para apostar por ti. Y aquí estoy.

De nuevo enamorados.

(Aparece en el marguen superior este texto de imprenta: “Si la vida es cuanto puedes darle y de verdad le amas por encima de todo, ¿por qué no entregársela?”

Como reza en la frase superior de esta carilla

el amor que siento por ti no sería amor

si no tuviera ganas de entregarte mi vida.

Porque no puedo elegir no quererte, y darte

todo lo que esté a mi alcance, es pan

de cada día.

Volverte a enamorar fue mi ilusión y

lo conseguí, no hubiera sido posible sin

ti. Sin esa desmedida forma de entregarme

tu ******** años, tu boca colorida y la

parte del pecho que guarda tu corazón.

Y  lo que quiero es volverte a

enamorar siempre. Cada segundo…

Diario de amor. Prólogo y página 1.


Por fin sale a la luz la voz de mi diario. Un diario de amor, el único que he escrito en mi plácida vida. Lo escribí tres años atrás, y en él, dejé plegado mi corazón. Lo voy a abrir a página por día para todos vosotros. Es un libro de pasta dura de 10×15 cms. y unas 30 páginas dobles.

Los textos serán idénticamente descritos en forma y espacio al libro original.

PRÓLOGO

(Imagen de una luna llena. Y justo debajo escrito lo siguiente.)

“Como si tu ojo se tiñera de

blanco y se fundiera con el papel,

Asoma esta luna, como tus ojos

lo hacen al <Amanecer>.”

(En la siguiente página y tras un texto de imprenta, aparece escrito en la esquina inferior derecha, lo siguiente.)

“Jamás pienses que las palabras aquí escritas son sólo palabras”.

Porque te amo.

Página 1

Como premio a tu amor, tengo el

honor de tener en mis manos este

diario de amor. En él, escribiré

las sensaciones más bonitas que el amor

me hace sentir día a día hacia tu

persona. Encontraré cada detalle rebuscando

en mi sentimientos para deleitarme

con tus sublimes sensaciones, con mi

futuro bendito.

Mojaré mis alas en el tintero

de tu corazón, para que escriban con

tinta de luz, para que sueñen con

cada letra que aquí quede reflejada.

Aquí mi diario de amor, *****.

Te quiero (aparece al lado un corazón pintado y relleno de tinta azul).

Madrid, en especial su corazón


Plaza de EspañaEste post está escrito no sólo para mostrar los sentimientos que en mi último viaje desencadenaron. Sino que quede también como homenaje y agradecimiento a mis amigos, que me acogieron dulcemente en sus brazos y me agasajaron (no exagero) con todas sus riquezas personales.

Tenía mucha ilusión por ir a Madrid. Descaradamente y desorbitadamente.

Madrid para mí, significa mucho. A día de hoy más. Ciudad que no conocía y que alberga dando cobijo a muchos de mis amigos, la mayoría andaluces, y otros conocidos que me he ido encontrando en la vida. Al margen de ellos, también a madrileños. Que tienen mucha Parla 😉

Tenía especial ilusión de ir a visitarte, sobre todo este año, por recorrer contigo tus calles, por sentarme contigo en tus bancos, por mirarte con tus estrellas, para saborear a tu lado tus cocinas, por acostarme contigo en tus camas, por iluminar mi camino con tus luces que lucen como imaginé que brillaban. Y lo hice. Hice todo eso y más. Todo lo que quise y deseé. Todo excepto un placer de despedida que me fue negado ¿qué placer?  Algo impensable y que se fue creando posible en torno a tus labios.

Creo que no estuve un momento en reposo, mis piernas sufrieron, claro también sufrió mi espalda, pero lo que más dolor se trajo es lo que entre mis costillas me da la vida. Injusta vida. ¿Cómo comunicarse sin errar? Estúpidas letras. Lo único lastimoso de Madrid ha sido la comunicación, está muy poco conexionada esta ciudad al lenguaje. Es más interpretativa que cualquier zona de Andalucía (no pierdas tus raíces), que es más de verdad. Pero vayan visiten la capital, es muy bella y ojalá tengan la suerte de hacerlo como yo, acompañado de la mujer con la que lo quise hacer y a día de hoy volvería a recorrer.

Senado

Buen sabor de boca, comida de cuchara, buenos recuerdos y sobre todo un fuerte refuerzo de lo que sentía por Madrid antes de ir, se ha consolidado y sé que al volver allí, estará Madrid sintiendo lo mismo. Puesto que no se puede guiar lo que uno siente, no se puede romper el destino de una mirada.

¿Recuerdas cuándo te miré Madrid?

¡Oh, mon ami, c’est l’amour!

Mi abuelo


Bernardo Sánchez Sánchez, alias Bernardo el del cine.

Mi abuelo

Mi abuelo

Amigos. Cuando hablo de mi abuelo, que por desgracia no lo hago mucho, pues tristemente se nos olvida rememorar el pasado, me enorgullezco firmemente, y siempre da a lugar la sensación y el pensamiento de “ojalá yo hubiera sido como él”. No lo digo tan sólo por el tiempo que yo pude vivir junto a él, si no porque así cada persona (conocida o no), a la que le hablo y lo conoció, me cuenta de él. Se les enciende el rostro, acompañado del alma, para decirme: -“¡Claro!, claro que sé quién era, Bernardo. Una persona más buena”. Entre otros comentarios más benevolentes y donosos.

Alzaba la pierna por encima del sillín y la barra, hasta caer en el pedal la suela de su zapato, tomaba con una mano la punta del manillar, con la otra apoyaba y daba firmeza, al canuto de carteles que sostenía bajo el brazo. Con la pierna que mantenía apoyada en el suelo, impulsaba esa maravillosa bicicleta que transportaba los sueños de todos los nazarenos, la imagen, el cartel imposible de la magia del cine que esos días se proyectaban en nuestras salas. En el cine “Español”, con ese entrelargo perpendicular a la disposición del feo teatro que en la actualidad tenemos. O en el cine “Rocío”, situado en la calle-plaza “La Mina”. O en tiempos más cálidos, en el cine “Verano” ¿Quienes de ustedes recuerda al “Moro” un perro negro que guardaba el cine de verano? Siempre que pasaba por las grandes puertas de barras amaderadas de color azul, una grande central y dos pequeñas laterales, lo llamaba y me daba la pata en señal de saludo con la gran lengua rosada fuera. Gran guardián, te echo de menos a ti también.

Recordando el cine, le recuerdo a él. Portero, taquillero, acomodador, cartelista (que no carterista), cuidador, vigía, etc. Nunca le gustaba que le dijera que trabajaba en el cine, porque me decía que él vivía en el cine. Y literalmente era así. Calle Purísima Concepción, 15. Casa comunicada directamente al patio de butacas del cine de Rocío, como se conocía o decía yo, aún lo digo al referirme a él.

Mi abuelo era bondad. Los niños, que ahora grandes me cuentan que cuándo no tenían dinero para ver las ilusiones, la magia del cine (imagínense aquella época), que era siempre o casi siempre, mi abuelo los “colaba”. Eso para mí, es tan bonito. Las personas que necesitaban más esas ilusiones; no tenían para pagarlas. Y mi abuelo, las hacía posibles. Hoy día para mí, mi abuelo es más de lo que yo conocía, además de bondad, era mago, prestidigitador, propulsor de ilusiones, de lágrimas, de cariño…

Abuelo, la vida te llevó pronto, casi con tu nuevo traje puesto y a medida, para cuidar tu nuevo cine, el nuevo teatro Juan Rodríguez… Quizás Dios quiso que jamás pisaras esta horripilante construcción, en la que convirtieron tu cine, el verdadero cine, el que yo entre asientos y linternas recuerdo.

Gracias abuelo.