Diario de amor. Página 3.


Ojalá tu amor y el mío se entendieran…

A razón de que todas las personas no

tienen parecido jamás en sus acciones ni

en sus circunstancias. Se repite que el

amor es Universal. Nada más lejos de la

realidad. Cada amor es más que una

persona, por lo que es más imperfecta que

cualquier otra analogía de ideas.

Sé que nuestro amor es muy distinto

puesto que nuestras vidas son muy alejadas,

y especialmente en nuestro caso por lo que

ya sabemos. Pero la carencia se suple

por lo especial que llegas a ser en algunos

momentos, por lo que puedes mostrar con

tus ojos y en tu mirada. Sólo le pido a

la idea de amor que ambos tenemos

que vaya uniéndose a medida que

nuestras vidas se acerquen, que tú crezcas

y yo mengüe. Porque mi amor es muy

entregado, muy tuyo. Y tu amor es más

desprendido, más pausado.

Quiero aprender a darte lo que

necesitas, no más de eso. Porque quizás

eso hace que a mí me falte lo

que te doy de sobra, es la parte

que tú no me devuelves. Sé que

es por mi idea de amor, que es

muy idealizada y sin miramientos.

Te daré lo que necesitas para

acercar nuestras ideas. Y vivir un amor

con idénticas miras. Sólo amor.

Franco, España ha muerto.


Y sí, España ha muerto. Pongo este título tan impactante porque siento, ante esta España, la impotencia que sentían mis antepasados frente a al dictadura franquista. Se preguntaréis qué hago escribiendo de política en mi blog si nunca jamás lo he hecho. Y lleváis toda la razón del mundo. Como sabéis, este blog no intenta inculcar ninguna idea de derechas o de izquierdas, ni mucho menos del centro, (si no es pa’ dentro), así que hoy tampoco vais a recibir de mi parte una opinión política por mucho que el país merezca una de éstas y bien dura.

Y viendo que como dice el título España ha muerto, así que mejor voy a hablar de mi otra España. La que recorre todas las vías y carreteras de mi patria, aquella España que no hace falta tiempo para visitarla, sino que ya es visitada a cada instante por mi corazón. La España que no se queda en España, la que emigra y vuelve, la que viene y después se va, esa España que yo sólo una vez tres días vi, y luego se fue a partir entre sollozos. Esa España amarrada y libre, con sus bosques y montañas, de cumbre nevada, con la gloria blanca en su pecho, y un centro de ríos de azúcar que desembocan en sus venas, haciéndola patria dulce y a veces empalagosa, pero preciosa, divina y filibustera, rancia con solera. Que a veces, y sólo a veces, se apiada de mí.

¡Oh España! que incluso me escribes por WhatsApp (por si alguno no sabía como se escribe), permite que un día… un día, te toque, y sobre tus mapas dibuje mi España, mi patria que son tus huesos, la que pienso cada día.

¡¡¡España de mis amores!!!

El amor es siempre amor


Antes de empezar la lectura y para efecto del propio lector, sugiero que reproduzca la canción que aparece en esta entrada -desde ya-, pues el ritmo, el sentimiento y los golpes de corazón (que son todos ustedes como al comienzo del blog indico) van encajando uno a uno en todas sus notas. Busca una lectura pausada, a tu ritmo para que puedas disfrutar. Y muchas gracias por estar aquí, ahora.

 

 

Amor, siempre recuerdo esta canción. Y no es porque tú estés conmigo ahora, pues jamás ya estarás a mi lado. Pero sí el amor, que no se me va. Que no se pierde entre mi pecho, o entre los ojos de otra mujer, en su boca. No alcanzo a comprender las lágrimas de cada noche y la alegría de su sonrisa. No alcanzo a entender ni a solucionar el toque mágico de tu pestañear, de tu silencio sonoro. Pues es sólo virtud de grandes corazones como el tuyo.

Son instantes delicados que necesito seguir cuidando, pues este amor que yo por ti siento, aún tanto tiempo sin verte, desde la distancia, lo considero hoy aún más amor. Cómo es posible que después de tanto llorar, reprobar y renegar de tus caricias, de tus abrazos y besos de rosas, de tu canción del despertar, de tus defectos. Hoy pueda decir que amor es siempre amor. Que cada vez que escucho esta canción, sigo viendo tus ojos como estatuas plantados ante mí, moviendo cada sin razón de mi corazón, como si estuvieras aquí conmigo, como el tiznado de aquellos tiempos que representaban otras alegrías, y mi cajón rojito no estaba enfermo como hoy lo está. De rojo fuego a triste apagado.

Hoy, no sé dónde estás. ¿Quién te acompaña? Si la frontera existe, nos veremos allí. Te acompañaré y volveré a besarte, porque ni en otro mundo y con otras formas, se podrá volatilizar nuestro amor, pues es más fuerte que la propia vida. No quedarán besos ni miradas en mis cenizas. Me llevaré todo lo nuestro conmigo, y cuando al pasar al otro lado me estés esperando, me fusionaré a ti, en el espíritu más bello que jamás haya el ser humano imaginado, pues como el amor, tú no perteneces a este mundo.

Eres, y es algo tan bonito, que siempre serás amor.

Cierra los ojos

Lo más bello…la mujer.


Lo siento por quién no pueda agarrar de la cintura a una dama, o por quién no pueda alardear de su mano agarrada. Hay quién no puede estrechar su pecho con el de una mujer siempre bella. Y yo por él, lo siento. También por aquel que no sabe decir palabras bonitas a su cara – siempre hablamos de la mujer- ni tampoco abordar momentos en su noble mirada. De verdad que lo siento.

 

No disfruto más en este mundo que de la compañía eterna de una mujer. Las féminas. Lo femenino es el punto de partida y el punto final de toda vida. Un pájaro que vuela suave, que recoge sus alas suave y las despliega suave. Hay personas que las aprietan, o que no las llegan a tocar. Por ellos, lo siento. De verás que tristemente lo siento.

 

Pues es la mujer la alfarera que hace al hombre. La que cuece y enriquece su barro. La que pule sus defectos, la que une sus roturas. La que da vida sobre vida. La mujer.

 

¡Oh caballero! que no has gozado de su presencia, de su calor y de su simpatía, considérate en los infiernos de la vida y permíteme decirte que lo siento. Pues son pocas veces las que gozo de una mujer, pero cuando una de ellas me lo permite y en mi amor considero, me limito a abrazar su cintura y besar sus labios hasta ver caer el cielo.

 

Después de este texto hay quién puede tacharme de mujeriego, pues ya lo hacen, nada más lejos de la realidad de lo que aquí expreso, por ti también lo siento. Pues hablo de una mujer, de la mujer. Preciosa.

 

Lo más bello.

 

Historias de feria (y II)


La feria, que no la de Sevilla sino la de Dos Hermanas, de mi pueblo es la feria por antonomasia, la que quiero y disfruto más que un niño con su nube de algodón o incluso más que un farolillo en la noche del alumbrao. Más historias no sé si pasan en ésta u otra feria, aunque aquí reflejadas van a quedar con la misma gracia que en su día pasaron, y si así no fueron aquí alegres se volvieron.

 

No corría ni una ligera brisa,

llegamos al reá

el miércoles con risa, pero

qué oscuro y qué banda más reiterá.

Comí pescao frito rebosao en harina

o en albero marinero,

jarra de rebujito, cubertería fina

y vasitos de la escuela de Botero.

Tres llegan y dos se van,

el Deivi y el chocaespejo.

Siendo uno un Don Juan

traío directamente del Saussejo.

A mí prima mucho vi,

y le pedí prestao unas copitas.

Muchos bailes de colibrí

con sinceras miraítas.

Resumo pa que no sea tan tedioso,

imagínense a la morena andalusa

que se te cruza pa tu goso,

¡qué sorpresa y qué excusa!

Tu mano ahí detrás abarca,

baila baila tanto,

yo antes te dejé mi marca

en duro y blanco canto.

El domingo me dejó nostalgia,

pues ya partiste para tierras extrañas.

Pero tras esfuerzo de dolalgial,

le dije adió a la feria con deseos y añoranzas.

Pero yo no tiré rebujito

sino que fue mi cuidadora,

que tras golpes de codito

nos dejaba a ambos un dulce aroma

que guardo en el cajón rojito.

Tanto en tan poco, mérito de la señora.

     Un fuerte y sincero abrazo, a todos los aquí presentes y los no presentes, pues estéis o no en estas líneas no es lo importante, pues esto sólo es un extracto para graciear un poco con ustedes, si no que estáis en mi corazón como siempre os llevo. Gracias a todos y cada uno de los que vi, sentí y disfruté en esta feria de Dos Hermanas 2012 (de interés turístico nacional) y que me hicieron ver  que cualquier problema debe estar bajo una inmensa sonrisa, en compañía de todos ustedes.

Historias de feria


Ésta es de las primeras veces, si no la primera, que disfruto al máximo de la feria de Sevilla. Y en calidad de interviniente casi al 90% de todos sus días y casi todas sus horas hábiles, os voy a escribir con un poco de graciejo sevillano y otro poco de ironía sobre nuestra feria, concretamente sobre ésta del 2012:

Comienza to ante de empezá,

pero sin domingo no hay lune.

De rodilla tuve que rezá

pa que mi chaqueta no se esfume.

Nunca tuve luce

y menos las voy a buscá,

las niñas se dan de bruce

pa hacé la espantá.

En Sevilla no hay macho galante ni guapo

pero morenas una jartá

más guapas que to esas

que rehusan de los de atrás.

Metres y metros

que a poco se atrancaban

la gente como espectros,

por las calles furulaban.

Llevo una feria de amores,

amigos y reencuentros.

No te regalé flores

pero sí sentimientos.

No pudiste apreciarlo,

por no entendé de amó

morena de mi corazón.

El alma me dolía,

la alegría alergia me tapaba la boca,

deambulando por el real moría

mi cabeza se volvía loca.

“Come tortilla gollipona y disfruta”,

gracias al  hombre con corbata y bigote al viento

que me dijo, “¡Esputa!”,

haciéndole caso recuperé el aliento.

Bailé con niña salerosa, que no sosa,

sevillanas en la muchedumbre,

también con mi prima hermosa

y su gente de cumbre.

Ya estoy casi al fin,

de esta ristra de locura

concretando este sin fin

de locas y caradura.

Conclusión de la feria,

perdí lo que creía ganao

conocí gente seria,

y el fuego fue apagao.

“Y cuando vuelva a Sevilla en primavera, me embriagaré de jazmines y azahares… o manzanilla sanluqueña. Me enamoraré de una niña de Triana… pero renacerá en mi alma la alegría cuando vuelva…”

Javier Losada,  Feria de Sevilla 2012 .

Sevillanita


No se trata de una sevillana muy pequeña, ni tampoco de bailarla agachados. El título más bien podría haber sido, Sevillana.

Nunca he escrito nada en mi blog para Sevilla. Y eso quiero remediarlo…

Es hermosa, y siempre de ella tengo en mi memoria un aroma breve, una fragancia que me aviva y me adormece, como le hace la flor a las especies. Me atrae desde la lejanía. Su olor es más que material, su skyline, su silueta es precisa e inmutable por el tiempo. ¿Desde cuánto hace que te conozco y te adoro?.

Recorriendo su centro no puedo más que ver e imaginar su asombrosa columna de arte, de significado propio, de anhelos, de imperfecciones. Nadando en sus puentes disfruto de la mirada hacia el cielo, si alzo mi vista a lo más alto, allí y sólo allí se ven dos soles o dos lunas que te llenan y que te llevan a la locura. Y del puente más famoso de toda ella, con su recta perfecta inclinada, caes a la locura de sus labios rojos anaranjados. Si tienes la suerte de poder llegar hasta allí, ¡ahí te come mi reina!.

No tiene un río sino dos. Que cuando fluyen fuerte, me matan. Pero cuando delicadamente se precipitan por sus cuencas, preciosos, los miro y me rebozan de felicidad. Con mi dedo gordo los puedo tocar, acariciando con el resto de mi mano el intenso negro de su telar, que acompaña como en dulce desfile al viento, cuando sopla leve de mis labios.

Te acoge en la palma de sus manos y a veces puedes sentir que te abraza, depende como quieras tú que lo haga lo hace. Yo así lo siento. A veces incluso que te besa, que te arraiga. Yo soy su amigo, pero para mí ella es más que eso. Sus fuentes, sus calles, sus plazas, su ricura, su quietud y su cariño…

Sevillana.

Sólo deseo besar tu final. Aunque ya sé que no lo conseguiré, pero con la ilusión del primer día, soñaré cada momento con besar tu cielo, cómo desde pequeño anhelo tocar la luna, siendo más cruel aún pues he podido sentir tus labios tan cerca que me besó tu aliento.

El remedio, del que al principio hablaba, llegará otro día, porque aún no he escrito nada en mi blog dedicado a Sevilla.

Lo que tú eres, lo que quiero y lo que será


Amor

Quiero comprender la diferencia entre estos tres conceptos, quiero pero aún no puedo. Desgraciadamente, lo que pienso o creo, puede dictar de la realidad en demasía, o puestos a pedir, que sea fidedigna en gran proporción. Eso no lo sé, ni lo sabré porque soy un ciudadano de este mundo y no del otro.

Es muy importante acordarme siempre de lo que quiero para luchar por ello, y de esta forma tener la capacidad, cada día, de dar ese poquito de mí para conseguirlo. No importa la veces que lo intente, porque si me acuerdo de lo que realmente busco, de mi objetivo primordial, de ti, los fallos y los intentos son profesores. Yo soy una persona, sí. Yo debo guardar mis valores, sí. Pero también debo luchar por lo que quiero.

La relación de lo que quiero con lo que eres tú, es básicamente la tangente que se crea entre tu pecho y mi mirada. Yo miro hacia ti, pero ella sólo te acaracia, continúa, y casi ni la percibes. Tú eres una pasión desmesurada, un pensamiento único, y un atardecer mirando al agua que refleja toda la vida. A veces me pregunto porque te busco si sólo me rechazas, y yo mismo me respondo: “a veces ha mostrado su verdadero yo bajo los ojos, mientras echaba a andar y te miraba, o cuando en mis recuerdos evaluaba su dulce sonrisa roja”. No sabía de ti hasta la casualidad, no volví a saber de ti hasta el aterrizaje y hoy no sé cuando volveré a conocerte. ¿Rendido?, así estoy rendido de querer quererte. Hoy. Pero es sólo uno de mis intentos, es uno solo. Pero me acuerdo de lo que quiero, y lo que quiero eres tú.

Acabo de superponer las tres ideas iniciales que no alcanzaba a comprender:

“Lo que quiero y lo que será es lo que tú eres.
Lo que tú eres es lo que quiero y lo que será.
Lo que será es lo que quiero, lo que tú eres.”

Quiero, eres, será.

La palabra arrugada


Cogí el diccionario y apasionadamente busqué cada una de tus palabras que no conocía, tenías unas expresiones tan nuevas para mí que me hacía falta el apoyo de una nueva lengua para entenderte. Cada ruido de hoja pasada y su viento en mi cara, traia a mi recuerdo el sentir especial de aquella tarde sentado en el borde de una cerámica fea cuando podía escuchar claramente la de las ramas de mi aura, el mismo suspiro que las movía.

Escribía cada significado en el borde de un azulejo azul, en la parte trasera áspera, con un lápiz que desprendía su punta por momentos impregnando la arcilla. Cualquier adjetivó que encontré y que me dijiste contenía mil significados, todos apuntaban a tu muñeca, a tu garganta puntiaguda, al rastro de un perfume afamado. Lo gasté y seguía rayando con mi uña la manteca amarronada, me quedé sin dedo y con el hueso de mi muñeca protegida escribía más y más, las palabras que desconocía de ti parecían infinitas, como creadas para tus labios y mis oídos.

Me consumí, no quedaba nada de mí. Comprendí que estabas hecha de cerámica bella cartujana, y allí dejé mis restos para siempre. Y toda mi piel.

Bonitas palabras, todas juntas para mí.

Ningún hombre me hará feliz


Una compañía, una deshora, un pañuelo mojado. Su brazo me acechaba la nuca y toda la parte recta de mi espalda. La lágrima recorría toda mi mejilla y bordeaba el retozón cachete blandito que siempre acaba en mi boca, salada.

Desde aquel momento comprendí que ningún hombre me haría feliz. Ninguno de ellos. De todos los que existen, existieron y existirán. Por lo que me preguntaba entonces qué efecto tendría en mí un hombre en el futuro, y qué tuvo en el pasado. Pasaron días, incluso horas o segundos para concluir el enigma. No tenían efecto positivo, fue lo primero que deduje. Pero tampoco podía obviar que provocaban, eso sí, de vez en cuando, perdida de felicidad.

Comencé a erguir la espalda, ningún hombre me tocaría más. Ninguno. Empezaba a pensar que moriría solo. Y por fin me hacía feliz. Tener soledad, era tener felicidad. Sólo hacía falta pensar que no todo es como me enseñaron, que no hacía falta dar un beso para sentirse infeliz, que próximo a la penumbra de ellos, había luz. Y que realmente, todo lo mostrado y que mis ojos conocían era un absurdo del vil ser humano.

No quiero un hombre a mi vera, a mi ladito. Que me haga satisfacer mis deseos más oscuros y sexuales. No quiero pertenecer al gremio de los que vendieron su felicidad por un taco de carne o de sentimientos dirigidos. Que no se aparque mi vida, y sacrifique momentos por permanecer al lado de un hombre.

El hombre.