Diario de amor. Página 4.


Si los días fueran tuyos

¿Acaso hoy día no lo son? Posiblemente

en buena parte sea así. Pero esa pequeña

parte que tú astutamente manejas, no

consigues direccionarla claramente hacia mí.

Espero que los días tuyos se vayan

convirtiendo en los míos. Que desees que

así sea y me lo hagas ver.

Tus pequeños frutos y decisiones

a veces me merman y a veces me

alegran, pero me atrapas y que pegado

a una red de seda que me es imposible

despegar y comenzar a caminar a tu lado.

Quiero que los días ya sean tuyos,

para que también sean míos.

Diario de amor. Página 2.


Volverte a enamorar

Estaba enamorado de ti por completo.

Pero tenía el problema de que tu amor,

aunque correspondido, no se dirigía exacta-

mente a mí. Tenías la imagen mental

de un aspecto completamente distinto al que

yo tenía en realidad, y las circunstancias

muy distintas para todo. Para nuestro encuentro.

A mi sorpresa, no porque no lo esperara, y conociera

tu nivel de madurez, pese a tus ****** años,

pero aceptaste aquello con total naturalidad

y un exquisito gusto que me dio el verdadero

empujón para apostar por ti. Y aquí estoy.

De nuevo enamorados.

(Aparece en el marguen superior este texto de imprenta: “Si la vida es cuanto puedes darle y de verdad le amas por encima de todo, ¿por qué no entregársela?”

Como reza en la frase superior de esta carilla

el amor que siento por ti no sería amor

si no tuviera ganas de entregarte mi vida.

Porque no puedo elegir no quererte, y darte

todo lo que esté a mi alcance, es pan

de cada día.

Volverte a enamorar fue mi ilusión y

lo conseguí, no hubiera sido posible sin

ti. Sin esa desmedida forma de entregarme

tu ******** años, tu boca colorida y la

parte del pecho que guarda tu corazón.

Y  lo que quiero es volverte a

enamorar siempre. Cada segundo…

Somos nosotros


A pocos momentos del nuevo año 2013 he sido consciente, de una forma extraña pero clarividente, y he asumido la parte de culpa del porqué de la tristeza de estos días en la media de la población española. Y es que más que nunca, se ha demostrado que el ser humano es psicológico, de una manera empírica e irrefutable. ¿Por qué?.

Esta misma tarde me preguntaba, mientras me estaba duchando hace escasos minutos, porqué este año para mí la Navidad no había sido Navidad, no había tenido ninguna repercusión. Se me pasó el tiempo sin comer un mantecado o dar una felicitación de las fiestas a los conocidos. Y parándome a pensar, tampoco me las dieron a mí. Muy poca gente, el 1% puedo decir, me ha saludado por la calle y me ha contagiado el espíritu navideño. A quién pregunto, adolece del mismo dolor este año. Y es que no he visitado un belén, no he mirado “las luces”, ni he navegado por la nieve artificial…

Nosotros, era la palabra clave, después de rato pensando y pensando en un porqué, apareció nosotros. Y luego me vino todo lo demás, el trabajo, los desahucios, España…la crisis. Lo primero es una consecuencia de todo lo anterior. No. Nosotros. Y estas son las consecuencias de cada unos de nosotros.

Así que por favor, cuando lleguen a tu casa los familiares, abrázalos, alza la cabeza, disfruta de ti, de nosotros. Tómate las uvas (no guardes cuidado en atragantarte), y sal, sal a bailar a contagiar a la gente de tu espíritu positivo, y desea sobre todo que cada segundo que pase por tu vida no sirvas de premisa a consecuencias tan desafortunada como las anteriormente dicha. La tristeza de una nación.

Porque sin duda somos nosotros.

Franco, España ha muerto.


Y sí, España ha muerto. Pongo este título tan impactante porque siento, ante esta España, la impotencia que sentían mis antepasados frente a al dictadura franquista. Se preguntaréis qué hago escribiendo de política en mi blog si nunca jamás lo he hecho. Y lleváis toda la razón del mundo. Como sabéis, este blog no intenta inculcar ninguna idea de derechas o de izquierdas, ni mucho menos del centro, (si no es pa’ dentro), así que hoy tampoco vais a recibir de mi parte una opinión política por mucho que el país merezca una de éstas y bien dura.

Y viendo que como dice el título España ha muerto, así que mejor voy a hablar de mi otra España. La que recorre todas las vías y carreteras de mi patria, aquella España que no hace falta tiempo para visitarla, sino que ya es visitada a cada instante por mi corazón. La España que no se queda en España, la que emigra y vuelve, la que viene y después se va, esa España que yo sólo una vez tres días vi, y luego se fue a partir entre sollozos. Esa España amarrada y libre, con sus bosques y montañas, de cumbre nevada, con la gloria blanca en su pecho, y un centro de ríos de azúcar que desembocan en sus venas, haciéndola patria dulce y a veces empalagosa, pero preciosa, divina y filibustera, rancia con solera. Que a veces, y sólo a veces, se apiada de mí.

¡Oh España! que incluso me escribes por WhatsApp (por si alguno no sabía como se escribe), permite que un día… un día, te toque, y sobre tus mapas dibuje mi España, mi patria que son tus huesos, la que pienso cada día.

¡¡¡España de mis amores!!!

El amor es siempre amor


Antes de empezar la lectura y para efecto del propio lector, sugiero que reproduzca la canción que aparece en esta entrada -desde ya-, pues el ritmo, el sentimiento y los golpes de corazón (que son todos ustedes como al comienzo del blog indico) van encajando uno a uno en todas sus notas. Busca una lectura pausada, a tu ritmo para que puedas disfrutar. Y muchas gracias por estar aquí, ahora.

 

 

Amor, siempre recuerdo esta canción. Y no es porque tú estés conmigo ahora, pues jamás ya estarás a mi lado. Pero sí el amor, que no se me va. Que no se pierde entre mi pecho, o entre los ojos de otra mujer, en su boca. No alcanzo a comprender las lágrimas de cada noche y la alegría de su sonrisa. No alcanzo a entender ni a solucionar el toque mágico de tu pestañear, de tu silencio sonoro. Pues es sólo virtud de grandes corazones como el tuyo.

Son instantes delicados que necesito seguir cuidando, pues este amor que yo por ti siento, aún tanto tiempo sin verte, desde la distancia, lo considero hoy aún más amor. Cómo es posible que después de tanto llorar, reprobar y renegar de tus caricias, de tus abrazos y besos de rosas, de tu canción del despertar, de tus defectos. Hoy pueda decir que amor es siempre amor. Que cada vez que escucho esta canción, sigo viendo tus ojos como estatuas plantados ante mí, moviendo cada sin razón de mi corazón, como si estuvieras aquí conmigo, como el tiznado de aquellos tiempos que representaban otras alegrías, y mi cajón rojito no estaba enfermo como hoy lo está. De rojo fuego a triste apagado.

Hoy, no sé dónde estás. ¿Quién te acompaña? Si la frontera existe, nos veremos allí. Te acompañaré y volveré a besarte, porque ni en otro mundo y con otras formas, se podrá volatilizar nuestro amor, pues es más fuerte que la propia vida. No quedarán besos ni miradas en mis cenizas. Me llevaré todo lo nuestro conmigo, y cuando al pasar al otro lado me estés esperando, me fusionaré a ti, en el espíritu más bello que jamás haya el ser humano imaginado, pues como el amor, tú no perteneces a este mundo.

Eres, y es algo tan bonito, que siempre serás amor.

Cierra los ojos

Lo más bello…la mujer.


Lo siento por quién no pueda agarrar de la cintura a una dama, o por quién no pueda alardear de su mano agarrada. Hay quién no puede estrechar su pecho con el de una mujer siempre bella. Y yo por él, lo siento. También por aquel que no sabe decir palabras bonitas a su cara – siempre hablamos de la mujer- ni tampoco abordar momentos en su noble mirada. De verdad que lo siento.

 

No disfruto más en este mundo que de la compañía eterna de una mujer. Las féminas. Lo femenino es el punto de partida y el punto final de toda vida. Un pájaro que vuela suave, que recoge sus alas suave y las despliega suave. Hay personas que las aprietan, o que no las llegan a tocar. Por ellos, lo siento. De verás que tristemente lo siento.

 

Pues es la mujer la alfarera que hace al hombre. La que cuece y enriquece su barro. La que pule sus defectos, la que une sus roturas. La que da vida sobre vida. La mujer.

 

¡Oh caballero! que no has gozado de su presencia, de su calor y de su simpatía, considérate en los infiernos de la vida y permíteme decirte que lo siento. Pues son pocas veces las que gozo de una mujer, pero cuando una de ellas me lo permite y en mi amor considero, me limito a abrazar su cintura y besar sus labios hasta ver caer el cielo.

 

Después de este texto hay quién puede tacharme de mujeriego, pues ya lo hacen, nada más lejos de la realidad de lo que aquí expreso, por ti también lo siento. Pues hablo de una mujer, de la mujer. Preciosa.

 

Lo más bello.

 

Sevillanita


No se trata de una sevillana muy pequeña, ni tampoco de bailarla agachados. El título más bien podría haber sido, Sevillana.

Nunca he escrito nada en mi blog para Sevilla. Y eso quiero remediarlo…

Es hermosa, y siempre de ella tengo en mi memoria un aroma breve, una fragancia que me aviva y me adormece, como le hace la flor a las especies. Me atrae desde la lejanía. Su olor es más que material, su skyline, su silueta es precisa e inmutable por el tiempo. ¿Desde cuánto hace que te conozco y te adoro?.

Recorriendo su centro no puedo más que ver e imaginar su asombrosa columna de arte, de significado propio, de anhelos, de imperfecciones. Nadando en sus puentes disfruto de la mirada hacia el cielo, si alzo mi vista a lo más alto, allí y sólo allí se ven dos soles o dos lunas que te llenan y que te llevan a la locura. Y del puente más famoso de toda ella, con su recta perfecta inclinada, caes a la locura de sus labios rojos anaranjados. Si tienes la suerte de poder llegar hasta allí, ¡ahí te come mi reina!.

No tiene un río sino dos. Que cuando fluyen fuerte, me matan. Pero cuando delicadamente se precipitan por sus cuencas, preciosos, los miro y me rebozan de felicidad. Con mi dedo gordo los puedo tocar, acariciando con el resto de mi mano el intenso negro de su telar, que acompaña como en dulce desfile al viento, cuando sopla leve de mis labios.

Te acoge en la palma de sus manos y a veces puedes sentir que te abraza, depende como quieras tú que lo haga lo hace. Yo así lo siento. A veces incluso que te besa, que te arraiga. Yo soy su amigo, pero para mí ella es más que eso. Sus fuentes, sus calles, sus plazas, su ricura, su quietud y su cariño…

Sevillana.

Sólo deseo besar tu final. Aunque ya sé que no lo conseguiré, pero con la ilusión del primer día, soñaré cada momento con besar tu cielo, cómo desde pequeño anhelo tocar la luna, siendo más cruel aún pues he podido sentir tus labios tan cerca que me besó tu aliento.

El remedio, del que al principio hablaba, llegará otro día, porque aún no he escrito nada en mi blog dedicado a Sevilla.

Lo que tú eres, lo que quiero y lo que será


Amor

Quiero comprender la diferencia entre estos tres conceptos, quiero pero aún no puedo. Desgraciadamente, lo que pienso o creo, puede dictar de la realidad en demasía, o puestos a pedir, que sea fidedigna en gran proporción. Eso no lo sé, ni lo sabré porque soy un ciudadano de este mundo y no del otro.

Es muy importante acordarme siempre de lo que quiero para luchar por ello, y de esta forma tener la capacidad, cada día, de dar ese poquito de mí para conseguirlo. No importa la veces que lo intente, porque si me acuerdo de lo que realmente busco, de mi objetivo primordial, de ti, los fallos y los intentos son profesores. Yo soy una persona, sí. Yo debo guardar mis valores, sí. Pero también debo luchar por lo que quiero.

La relación de lo que quiero con lo que eres tú, es básicamente la tangente que se crea entre tu pecho y mi mirada. Yo miro hacia ti, pero ella sólo te acaracia, continúa, y casi ni la percibes. Tú eres una pasión desmesurada, un pensamiento único, y un atardecer mirando al agua que refleja toda la vida. A veces me pregunto porque te busco si sólo me rechazas, y yo mismo me respondo: “a veces ha mostrado su verdadero yo bajo los ojos, mientras echaba a andar y te miraba, o cuando en mis recuerdos evaluaba su dulce sonrisa roja”. No sabía de ti hasta la casualidad, no volví a saber de ti hasta el aterrizaje y hoy no sé cuando volveré a conocerte. ¿Rendido?, así estoy rendido de querer quererte. Hoy. Pero es sólo uno de mis intentos, es uno solo. Pero me acuerdo de lo que quiero, y lo que quiero eres tú.

Acabo de superponer las tres ideas iniciales que no alcanzaba a comprender:

“Lo que quiero y lo que será es lo que tú eres.
Lo que tú eres es lo que quiero y lo que será.
Lo que será es lo que quiero, lo que tú eres.”

Quiero, eres, será.

La gran mentira del amor


Pensaréis que soy oportunista al escribir esta entrada – aprovecho para felicitaros y felicitarme  por que el blog ya cuenta con 100 entradas – pero nada más lejos de mi intención, siempre he pensado lo que aquí publico hoy. Lo que me maravilla es poder decirlo a boca llena y por eso lo hago en este momento. El amor no es amor si hay elección. Es puro y básico. Si eliges no es amor.

Se puede llamar de mil maneras, se puede creer de cientos de formas, se puede sentir fuerte acariciando tu ser como un viento fresco en un infierno cálido, pero el frío de tu mente, la razón de tu cordura, y el futuro de tus pasos marcan lo que básicamente nosotros pensamos con gran ineptitud y que queda expresado en las líneas anteriores en este mismo parrafo.

Hablemos de las premisas de un buen amor: respeto, libertad, fidelidad, y por supuesto corazón. Que el “mi vida”, sea tu vida. Que el “cariño”, sea tu cara de niño y que el “cielo” sea tu paraíso. Porque a veces, y sólo a veces (siempre), mi vida, es mi rutina,  mi cariño,  piñones caros y el cielo, pues me imagino un bonito cuadro dónde plantar mi celo. Corazón, es lo evidente. Si falta corazón, podemos quitar las demás premisas, pero si faltan las demás, podemos dejar corazón.

Hoy sin querer me he vuelto a equivocar.

Por tu felicidad a costa de la mía.

Mi corazón =)

53 latidos


Te vi y comencé a contar. 1, 2, 3… así hasta 53. Me temblaban las manos y mi pulso vibraba, aún hoy y siempre.  Mis labios se mordían y mi ojos se asemejaban a los manantiales de agua clara al ver los tuyos frente a frente. Si te veo tumbada sobre la cama, y no puedo tocarte, pienso que algún día lo haré y así me alivio el dolor del amor que no te puedo entregar hoy. Quiero que sientas como mi alma pasa sobre tu piel, y abraza tus senos simulando ser  una cinta de seda… cómo luego, entra en tu pecho y te cuida, mi vida.

Gracias por traspasar la distancia  y hacérmelo sentir, por abrazarme en silencio cuando estoy dormido, por decirme esas palabras sordas que sólo tus labios saben moldear de una forma tan bonita, y que son las más hermosas que jamás no oiré. Gracias porque cuándo no estás, estás en mí, y por consentirme día a día.

Y al día. Hago un viaje. Sin retorno. No vuelvo. Me quedo en tus ojos.  Voy a bordo del amor, en este barco tan grande que me has regalado para navegar por tus aguas, impulsado por la vela de tus palabras, y guiado por tu luz, el faro de tus ojos me alumbra. Y lo atraco, echo el ancla cerca de tu sonrisa, y la caldera de mi corazón palpita y se alimenta de tu fuego,  que cada día está  más vivo.  Vivo y muero por tu puerto. Navegarlo a mar abierto, en tus aguas vivas y bravas.

53 latidos da mi corazón de más. Al verte, sentirte y disfrutarte.