Las pocas caricias…del “cinamomo” o “cinamono”


Árbol del Edén

Que nos damos. Las pocas palabras que nos decimos.

Ayer tumbado, viendo el árbol del paraíso -el olivo de bohemia, de origen asiático- y medio cielo, sobre una toalla vieja caida en un cesped que vibraba y una soledad momentánea que relajaba mi mente asistiéndo a momentos de claridad que nunca estarán de más para con mi alma tranquila.

Y es por ello que este árbol es sabido que perteneció al Edén.

Cualquier gesto por ridículo que sea siempre cuenta, y formar parte de un son de ojos, de risas  y sorpresas causan en mi vida breves momentos de alegrías.

Tú no llores. No sufras. Tienes que conocer primero. Querer y amar después.

Su reloj anda parado, y muy pocos lo saben. Poca gente toma su muñeca para ver su tiempo. Nadie le indica a dónde mirar y todos incluido su persona lo ve normal.

Qué difícil verte. Tiempo. Horas. Con sus breves minutos y semanas.

Qué diáfano el espacio cuando miro de nuevo al cielo. Sigo en la toalla, sólo pasaron dos minutos hasta que volví a mi ser. Tenía una chochinita en el pie, ella me acariciaba y mis mejillas enrojecían. No hay más placer, que la mirada, la timidez y luego en el silencio, la locura.

Pues vivir hoy, fue vivir ayer.

Mañana ya no podré. Ni tú ni yo, volver a mirar al árbol del Edén con un intenso azul de fondo. Con la gracia que lo hicimos. Y con el punto de vista claro y conciso del saber hacer.

Yo ayer, tu no sé.