El amor es siempre amor


Antes de empezar la lectura y para efecto del propio lector, sugiero que reproduzca la canción que aparece en esta entrada -desde ya-, pues el ritmo, el sentimiento y los golpes de corazón (que son todos ustedes como al comienzo del blog indico) van encajando uno a uno en todas sus notas. Busca una lectura pausada, a tu ritmo para que puedas disfrutar. Y muchas gracias por estar aquí, ahora.

 

 

Amor, siempre recuerdo esta canción. Y no es porque tú estés conmigo ahora, pues jamás ya estarás a mi lado. Pero sí el amor, que no se me va. Que no se pierde entre mi pecho, o entre los ojos de otra mujer, en su boca. No alcanzo a comprender las lágrimas de cada noche y la alegría de su sonrisa. No alcanzo a entender ni a solucionar el toque mágico de tu pestañear, de tu silencio sonoro. Pues es sólo virtud de grandes corazones como el tuyo.

Son instantes delicados que necesito seguir cuidando, pues este amor que yo por ti siento, aún tanto tiempo sin verte, desde la distancia, lo considero hoy aún más amor. Cómo es posible que después de tanto llorar, reprobar y renegar de tus caricias, de tus abrazos y besos de rosas, de tu canción del despertar, de tus defectos. Hoy pueda decir que amor es siempre amor. Que cada vez que escucho esta canción, sigo viendo tus ojos como estatuas plantados ante mí, moviendo cada sin razón de mi corazón, como si estuvieras aquí conmigo, como el tiznado de aquellos tiempos que representaban otras alegrías, y mi cajón rojito no estaba enfermo como hoy lo está. De rojo fuego a triste apagado.

Hoy, no sé dónde estás. ¿Quién te acompaña? Si la frontera existe, nos veremos allí. Te acompañaré y volveré a besarte, porque ni en otro mundo y con otras formas, se podrá volatilizar nuestro amor, pues es más fuerte que la propia vida. No quedarán besos ni miradas en mis cenizas. Me llevaré todo lo nuestro conmigo, y cuando al pasar al otro lado me estés esperando, me fusionaré a ti, en el espíritu más bello que jamás haya el ser humano imaginado, pues como el amor, tú no perteneces a este mundo.

Eres, y es algo tan bonito, que siempre serás amor.

Cierra los ojos

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La línea plana del corazón


No es el último electrocardiograma que me realizó el doctor. Alivio.

Ni el viento soplando fuertemente sobre el flanco de un castillo de naipes, formado por más de cuatrocientos, crea una línea tan plana como el título indica. Ni la recta de Euclides ni el andar de un sobrio. Ni cualquier disparo de un francotirador experto. Ni la flecha de Robin Hood. Ni guillermo Tell con su ballesta y la manzana.

Mirando la línea del horizonte me parece doblada. Ni siquiera asomado al perfil de la nariz griega, otrora que sobresale de la pared de una de las pirámides egípcias, me parece recta. Al menos tan firme y recta como la línea plana de mi corazón simbólico.

Hoy pintaron sobre mi corazón, con óleos, el horizonte. Sobre ella la pared de la pirámide que a su vez, el artista del destino esculpió la nariz griega. Antes de todo derribarse. Podría decir cómo realmente de plano es con bonitas y amargas palabras, pero no quiero llorar, y así lo digo. Bonito y sin gracia.

Mi corazón es plano, en el fondo de la línea, confirmando la ley de la “gravedad”.

La palabra arrugada


Cogí el diccionario y apasionadamente busqué cada una de tus palabras que no conocía, tenías unas expresiones tan nuevas para mí que me hacía falta el apoyo de una nueva lengua para entenderte. Cada ruido de hoja pasada y su viento en mi cara, traia a mi recuerdo el sentir especial de aquella tarde sentado en el borde de una cerámica fea cuando podía escuchar claramente la de las ramas de mi aura, el mismo suspiro que las movía.

Escribía cada significado en el borde de un azulejo azul, en la parte trasera áspera, con un lápiz que desprendía su punta por momentos impregnando la arcilla. Cualquier adjetivó que encontré y que me dijiste contenía mil significados, todos apuntaban a tu muñeca, a tu garganta puntiaguda, al rastro de un perfume afamado. Lo gasté y seguía rayando con mi uña la manteca amarronada, me quedé sin dedo y con el hueso de mi muñeca protegida escribía más y más, las palabras que desconocía de ti parecían infinitas, como creadas para tus labios y mis oídos.

Me consumí, no quedaba nada de mí. Comprendí que estabas hecha de cerámica bella cartujana, y allí dejé mis restos para siempre. Y toda mi piel.

Bonitas palabras, todas juntas para mí.