Prefiero ser feliz


No sé si alguna vez he hablado de esto. Quizás sí, pues no tengo memoria. O no ha ocurrido en realidad. Pero las pocas palabras que a partir de ahora pueda decir, tienen un sentido efímero, y que sólo cobrarán valor para ustedes el mismo tiempo que la letra pasa y la palabra se entiende y olvida.

Comienzo. De pronto, en un segundo de mi vida me pregunté (sí yo solo, a mí mismo), si sería posible preguntarme de nuevo esta cuestión dentro de un tiempo determinado. El resultado fue un poco desalentador, a la vez que purificador y reconfortante. Pues la respuesta fue concisa y clara. NO. En principio me quedé boquiabierto, por la facilidad con la que exhalé la respuesta, asimismo me pareció de un conocimiento de la misma innato, ¿pero por qué tan rotundo? y tan clarividente. Siempre había pensado que la tumba era el final de nuestros días. Pero jamás cuándo.

¿Se puede uno preguntar cuándo? Cuando se habla de la inexorable. NO. De nuevo apareció ante mí, otro gran no. Pero asustado me surgió otra pregunta aún más importante para mí. Más que el instante de la muerte. Más que todo lo relacionado con el óbito. Y fue, la fecha de caducidad. Proque cuando tuve conciencia inexacta de esa fecha de caducidad, me rompió el alma. Sí, la resquebrajó completamente y las lágrimas no me dejaban ver las horas que corrían cada día ante mis ojos. Entonces, un buen instante de esos que pueden causar la muerte para los que no tenemos “fecha de caducidad” impresa en nuestro lomo, me cuestioné el valor de esa fecha. Del instante, del cuándo. De la repetición de la primera pregunta. Amigos, mi conclusión fue que esa fecha en esta vida no vale nada. Díganme que muero mañana, y no tendrá valor. Te diré que morirás en setenta años, y qué importa. Sólo importa el instante. Si aprovechas el momento, entendiendo como momento un microsegundo de nuestras vidas, no importa el resto.

Os puedo afirmar, que debería estar profundamente herido, sin fuerzas y hundido. Pero ahora que estoy asumiendo el instante, a pesar de tener conocimiento de la fecha de caducidad. Estoy pasando los momentos más felices y más alucinantes que he podido vivir en la vida. Pasar cada segundo al lado de quién amas y ser capaz de saber lo que vale ese tiempo, de exprimirlo y demostrarlo. Y por supuesto, quiero que sepan y entiendan que me da igual cuándo suceda. Pues conocer la fecha no afecta a esta vida. Porque lo que importa es ese instante.

Instante que prefiero ser feliz.

No hay dinero que guarde, no hay pasión que reprima.
Y ni un te quiero se me olvida…

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A galeota


Palabra muy bonita dónde las haya, y que siempre me resultará rara cuando la nombro. Tiene un significado propio, muy nuestro… de Sevilla. Puesto que su valor verdadero es ser una galera menor de a lo sumo dieciséis o veinte remos por banda. Aquí en nuestra tierra, en nuestras raíces recuerdo de pequeño usar la expresión “a galeotas” cuando alguien se sentaba en tus hombros, asemejando al torero saliendo por la puerta grande de la Maestranza.

Una vez explicada la expresión popular del título. Me gustaría decir el porqué del mismo. ¿A qué se debe?.

Me cruzo a diario con muchísimas personas. Bastantes. Que me tiran una sonrisa en nuestros duelos instantáneos, los menos… un rostro serio o una cabeza gacha. A veces, pienso que estos últimos tienen encima de sus hombros una vida intensa que les pesa como un poyo. Y me equivoco. Pues con certeza todos llevamos ese poyo pesado sobre nuestras espaldas, esa vida pasada que no volverá. Pero el que sonríe sabe que la lleva, y que nunca se la podrá quitar. Sabe que la expresión del pópulo que cuando pequeño usaba comúnmente permanecerá con él durante toda la vida, esa vida que se irá sumando a la carga del pensamiento. En contraposición, el triste o amargado, no se da cuenta que la vida siempre irá consigo detrás, a horcajadas, y por eso se apena, por algo inevitable.

Te deseo que el significado semántico popular de galeota se convierta al real, y sean tus brazos batiendo los remos con fuerza hacia delante, los que te hagan bogar hacia la vida que posiblemente esté por llegar, pero tampoco pienses que es verdad la que vas dejando atrás.

Hagan que sus hijos sean felices


Es un ruego que les hago. Por favor, hagan que sus hijos sean felices. Me diréis claro como si fuera fácil conseguir eso. Es tan difícil que ni yo mismo sé como hacerme feliz, como voy a hacerlo con alguien que no soy yo, si no tengo experiencia ni el saber para llevarlo a cabo. Nadie lo tiene os diré.

Vuestros hijos, desde pequeños sabrán apreciar las enseñanzas, desde temprana edad. Probado queda que en los primeros tres años de vida del ser humano es cuándo absorbe todo su potencial para el resto de su vida. Aprende fundamentalmente de los padres, que deben estar muy cerca cada vez y mostrándole en todo momento las aptitudes que debe aprender. De esto va a depender en buena parte la felicidad de la persona en su vida, pero no así del todo. También necesitamos mantener las actitudes positivas, darle al niño a conocer sus miedos como retos y nunca como restricciones hacia su personalidad o vida futura. Afrontar, fallar y avanzar. Nunca decirle esto no se hace, si no esto se hace así. No sabes, si no lo  correcto es esto.

Ahora me preguntaréis dónde está la felicidad en todo este párrafo que he soltado. No lo sé. Se que serán variables infinitas las que actúen sobre la felicidad en todas las personas, pero en cada una de ellas individualmente se pueden controlar. La felicidad es interna al ser humano, y el grave error es que pensamos que tenemos que buscarla fuera de nosotros, en otras personas, en objetos, en relaciones, en amores, en amigos, en pasiones, amantes, distracciones, vicios, … Ahí no queda la felicidad, ser feliz es estar bien con uno mismo dentro de unos parámetros de vida social, vida que nos toca vivir, y que la misma vida nos quita. Si la vida es injusta, y la muerte hace justicia a esta vida. Porque no ser feliz con uno mismo. No creas en la vida. No creas en la justicia como hace la victima. Tu vives, eres la victima. No creas en ella. Sé feliz por ti mismo. Sé feliz a lo que te tocó vivir, sin creer en ello, sin pensar en nada más que tú, y lo justo que eres contigo mismo. Creo en mí. Justamente. Sé feliz con lo que te tocó vivir. Lo demás pura invención por ser, seres humanos. Vida.

Todo lo que está fuera de ti, es infelicidad.

PD: no soy autista.